31 de diciembre de 2015

La gema (parte 2)



El rugido inhumano de los monstruos que la perseguían estaba cerca. Casi podía notar su cálido aliento. El corazón le latía muy deprisa y el sudor empapaba su frente y su espalda. Volvió la vista atrás y lo que vio heló su sangre. Uno de los monstruos, el que había sido su amigo, su compañero, le pisaba los talones.  Era una bestia terrible, que corría a cuatro patas, los ojos rojos y dientes afilados. Le faltaban algunos trozos de piel y, en una zona de la cara, incluso la carne, dejando ver una parte de la mandíbula. No se podía distinguir en aquel monstruo nada de su antiguo amigo.
La joven chilló con toda la fuerza de sus pulmones e intentó correr más deprisa. Sin embargo, la bestia fue más rápida y no tardó en caer sobre ella de un salto. La atrapó bajo sus manos, de un color parecido al morado, que quemaron la piel de la joven al tocarla. Gritó más alto todavía, más por terror que por dolor. Los pasos de la segunda bestia, que antes había sido la amable anciana, sonaron cerca de su oreja. Como pudo, giró la cabeza y allí la vio. Vio a aquel terrible monstruo que la amenazaba con sus ojos inyectados en sangre.
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30 de noviembre de 2015

La gema (parte 1)


El bosque amaneció en silencio, llenándose poco a poco de vida, como llevaba haciendo desde el inicio de los tiempos. En una época remota, la paz de aquel mundo se vio alterada por la aparición de una extraña piedra, del tamaño de una caracola y de un tono entre rosa y morado, imposible de hallar en la naturaleza. Nadie sabe el origen de esa piedra, ni a qué se debía ese tono tan peculiar. Tampoco importaba. “Solo es una piedra”, pensaban.
Pero, con el paso de los días, en algunas personas comenzó a ejercer un extraño efecto. Fueron apareciendo paulatinamente anomalías en la piel de algunas personas. Primero, solo eran marcas en la piel, que aumentaban poco a poco de tamaño. Sin embargo, tiempo después, la misteriosa gema afectaba a sus personalidades.
Los afectados se volvían extremadamente violentos, y defendían la gema antes que su propia vida y la vida de sus seres queridos. Aparentemente, la piedra afectaba sin ningún criterio: podía cambiar a algunos miembros de una familia y no a otros, no influían tampoco los núcleos de población. El poder que ejercía la gema sirvió para poner a algunos en contra de otros, rompía familias, amistades y, pronto, se dividió la población en dos bandos: uno de ellos, los que habían sido afectados, defendían la gema incansablemente; los otros, los que permanecían ajenos al poder del objeto, buscaban destruirlo y devolver a los demás a su estado original. Así, se desencadenó una lucha entre las dos partes, una lucha que todavía dura hasta los días presentes.
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24 de noviembre de 2015

Reseña "El libro de los portales"

Imagen de Quelibroleo.com | Pinterest
Ficha del libro

Título: El libro de los portales.
Autora: Laura Gallego García.
Editorial: Minotauro.
Colección: fuera de colección, libro único sin continuación.
Páginas: 496
Año de publicación: 2013



Sinopsis:
Los pintores de la Academia de los Portales son los únicos que saben cómo dibujar los extraordinarios portales de viaje que constituyen la red de comunicación y transporte más importante de Darusia. Sus rígidas normas y su exhaustiva formación garantizan una impecable profesionalidad y perfección técnica en todos sus trabajos. Cuando Tabit, estudiante de último año de la Academia, recibe el encargo de pintar un portal para un humilde campesino, no imagina que está a punto de verse involucrado en una trama de intrigas y secretos que podrían sacudir los mismos cimientos de la institución.


Opinión:
Después de leer el libro creo que la sinopsis es un poco escasa. La Academia es una institución muy importante a lo largo de la historia, pero lo más interesante es el mundo de los portales. Porque Darusia es como un país en el que se vive de los portales, auténticas obras de arte que te permiten viajar de un lugar a otro en apenas unos segundos.
Es un libro muy trabajado que explica toda una sociedad. En él puedes encontrar con todo lujo de detalles la ciencia de los portales y todo lo relativo a ellos. Ves la originalidad de todo el proceso, desde la obtención de pintura en las minas hasta los complejos diseños de los portales y su creación.
Acabas cogiéndoles cariño a los personajes, que a lo largo del libro van dando alguna que otra sorpresa. Es una historia que te mete totalmente en su mundo. Un detalle que me llamó bastante la atención es que, hasta el final del libro, no sabes toda la historia de Tabit, mientras que la de los demás se cuenta desde el principio.

Es una historia con personajes muy dispares que se terminan juntando por casualidad y juntos dan forma a la historia. No los voy a citar a todos, pero quería hablar sobre algunos de ellos.

Tabit: como he dicho, hay muchos personajes principales, pero quizás el más protagonista sea Tabit. Desde el principio me cayó bien, aunque tenía una mente demasiado cerrada; pero se necesitaba un personaje así para frenar un poco a Caliandra.
Caliandra: creo no ser la única a la que al principio esta estudiante de la Academia no le agradó demasiado. Parecía estar siempre en contra de Tabit y lo peor era que en la Academia, sin proponérselo, solía igualar o superar a Tabit, que siempre se esforzaba al máximo en todo lo que hacía. Caliandra va evolucionando durante la trama, o también es que el lector la va comprendiendo más. Acabó convirtiéndose en mi personaje preferido de este libro, con su creatividad y su forma de ser.
Tash: es un personaje interesante y curioso, y también rudo y descarado. Comprendía su comportamiento y me caía bien, pero a veces este personaje resultaba algo cargante. Solo quedaba esperar que su actitud cambiase con el tiempo... o asumir que era y siempre sería así. Porque ese era Tash, y así es como lo recuerdo ahora, tal vez con una personalidad más suave no me habría llegado tanto.

El libro mejora mucho hacia el final, con sucesos totalmente inesperados. Me han parecido originales los maeses, especialmente maese Belban y la habitual frase que le dice a Tabit con respecto a Caliandra (que no voy a poner porque sería un spoiler).
Una historia muy completa y que deja un buen sabor de boca.
Un saludo!!



Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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Una anomalía en la oscuridad

Anomalía: f. irregularidad, anormalidad o falta de adecuación a lo que es habitual.

A veces, demasiadas veces, sentía que la amargura y la tristeza la envolvían en la oscuridad. No quería llorar, pero siempre había una lágrima que terminaba deslizándose por su mejilla. Entonces sentía frío, se acurrucaba junto a una pared e intentaba darse un calor que nunca volvería a sentir.
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31 de octubre de 2015

Érany, libertadora de esclavos



Su madre la despertó apresuradamente y, sin esperar ni un instante, la cogió de la mano y la sacó de la cama. Érany, aferrando la mano de su madre, corrió torpemente por el pasillo, intentando desperezarse. Un fuerte estruendo provenía de algún lugar del castillo y el miedo afloró en el corazón de la niña.
Corrieron escaleras abajo y se hallaron frente al peligro. Su madre le soltó la mano y le gritó que corriera, que viviera, y Érany corrió. Se giró justo a tiempo de ver la imagen que nunca podría olvidar, que la acompañaría incluso en sus peores pesadillas.
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15 de octubre de 2015

Palabras

Y entonces, estas palabras que comenzaron como breves pensamientos piden a gritos ser escritas. No puedes evitarlo, es algo que va más allá de ti, unas curiosas reflexiones, tal vez sin sentido, que cobran fuerza y buscan el modo de salir, de existir más allá de tu mente. Pero incluso después de haberlas pronunciado, haberlas escrito, comprendes que seguirán siendo pensamientos perdidos en el tiempo, en algún lugar en el que, con suerte, algún día unos ojos castaños, verdes, azules… llegarán a mirar.
¿Qué será entonces esa sensación de que estas palabras permanecerán ocultas? Y es que por muchas veces que las clames, las grites o las chilles, a veces no es suficiente, a veces no llegan a ninguna parte. Porque hay momentos en los que este universo se siente vacío, solitario y oscuro; un lugar olvidado en la lejanía.
Unas palabras que nadie leerá jamás, y entonces eres consciente de que jamás es mucho tiempo, demasiado, y te asustas. No sabes si soportarás ese silencio alrededor, si tus palabras serán suficientes para llenarlo. Lo dudas. Te sientes débil al oír el eco de tu propia voz, alejándose, y nada más. Y sin embargo, incluso cuando empiezas a dudar de la existencia de alguien más en este olvidado lugar, cuando empiezas a dudar de tu propia existencia, te llenas de fuerza.
Y gritas, simplemente gritas.
Sabes en ese momento que eres real y eso nada te lo podrá quitar. Existes. Y si tú existes, tus pensamientos y palabras también. Y si ellas existen es que están destinadas a que alguien las oiga, y si alguien debe oírlas es que alguien lo hará. Alguien existe. Ya no temes, comprendes que aunque tus palabras caigan olvidadas en las profundidades del silencio, alguien las escuchará.

Porque las palabras existen para que alguien las lea, las interprete, las sienta, se emocione, grite, llore, ría o salte. Las palabras son más que sonidos perdidos en el vacío, no deben desaparecer sin más, olvidadas injustamente. Las palabras son muy especiales, porque pueden representarlo todo. 
Las palabras son todo.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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14 de octubre de 2015

Reseña "El coleccionista de relojes extraordinarios"



Título: El coleccionista de relojes extraordinarios.
Autora: Laura Gallego García.
Editorial: SM.
Colección: el barco de vapor.
Páginas: 236
Año de publicación: 2004


Sinopsis:
Para salvar el alma de su madrastra, Jonathan debe encontrar el reloj Deveraux antes de que transcurran doce horas. Está en algún lugar de Ciudad Antigua. Pero a medida que avanza la noche, la ciudad va transformándose. Es y no es la misma.

Opinión:
Imagen de lauragallego.com | Pinterest
Al empezar a leer el libro no sabía qué era lo que me iba a encontrar exactamente, pero me sorprendió. Los personajes de este libro son especialmente originales y llamativos, tanto por sus nombres como por sus características. Una vez más, Laura (que por si cabía duda es mi escritora favorita) ha conseguido envolverme en sus historias. Un libro entretenido y fácil de leer.
Mis personajes preferidos son "La echadora de cartas", porque tras su aparición la historia avanza en relación con lo que ella dice (además me gusta que sea adivina :) ); el Duende, que es un personaje muy curioso; y el Hacedor de historias, que me pareció muy original y no resultó ser lo que Jonathan esperaba.
No he dicho mucho sobre los personajes porque no aparecen al principio del libro, sino a lo largo de la trama. Sin duda, lo más destacable en este libro es la originalidad y diversidad de los personajes. Algunos solo aparecen en una o dos escenas, pero es suficiente para quedarte con su esencia, para que penetren en ti.
¡Hay muchos personajes para escoger tu favorito!
Creo que ha quedado claro que los personajes me han gustado bastante, pero también destacaría las dos caras de la Ciudad Antigua y las reflexiones filosóficas que plantea esta historia.

Al final le he dado tres lacitos al libro en vez de cuatro porque aunque me haya encantado y sea una historia original, tampoco es un libro que me haya impactado. Una buena lectura para cualquier amante de la fantasía.

Un saludo!!


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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30 de septiembre de 2015

Fuegos artificiales



Levantó la vista al cielo y se maravilló con la imagen de miles de estrellas, casi eclipsadas por la misteriosa belleza de la luna. Aguardó pacientemente, sentado sobre el techo de la pequeña casa campestre donde vivía. Oyó voces en la distancia, provenientes del centro de la villa, que celebraba aquella noche su quincuagésimo segundo aniversario.
Aguardó pacientemente, jugueteando con las tejas rojizas y dejando que sus alas se movieran perezosamente al son de la suave brisa. Entonces, lo vio.
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28 de septiembre de 2015

Nana


Tras terminar de ver Nana, no he podido resistirme a recomendarlo. 
En primer lugar dejaré claro que ni el manga ni el anime están terminados y se trata de una historia dura o triste en algunos momentos. Pero puedo asegurar que a mí, que soy más de historias alegres o románticas, me ha encantado.


Imagen de WordPress | Pinterest

Sinopsis:

Dos chicas de la misma edad y con el mismo nombre, Nana, se conocen en un tren rumbo a Tokio. Nana Osaki es vocalista en un grupo llamado Black Stone (Blast) y Nana Komatsu quiere estar con su novio, que vive y estudia allí. Después de ese casual encuentro, la vida las vuelve a juntar y terminan compartiendo piso en Tokio. Nana Komatsu empieza una nueva vida allí, con su novio Shoji y unos amigos, Junko y Kyosuke. Mientras, Nana Osaki se reencuentra con sus compañeros de banda con los que intentará debutar y superar a los Trapnest, una banda famosa cuyo guitarrista es el ex novio de Nana Osaki y también el ex bajista de su grupo, Blast.





Mi opinión:
Imagen de animeflavor.com | Pinterest

Adoro a la mayoría de los personajes, son muy originales. Empezando por Nana Komatsu, a la que terminan llamando Hachiko, la más habladora, extrovertida e inquieta. Era simpático cuando le echaba la culpa de todos sus males al Gran Rey. Los miembros de los Blast son Nana Osaki, con una infancia muy dura; Yasu, el batería, que a pesar de sus pintas es abogado; Nobu, el guitarrista y compositor, también amigo de Nana desde el insituto; y Shin, el bajista, que solo tiene quince años y se escapó de casa para unirse al grupo.
Después van apareciendo más personajes y la historia se va haciendo más interesante.
La historia no está terminada, pero se puede buscar y leer el manga (que aunque no termine, según tengo entendido, lo deja todo más claro) y, si no, también se puede realizar una búsqueda intensiva por Internet y leer los comentarios de la gente.
Solo decir que es una pena que la autora no lo haya terminado, pero incluso así merece la pena verlo y leerlo.




Y ahora una selección de imágenes que os van a llenar de ganas (si aún no las teníais) de ver Nana.

Imagen de blast.forumcommunity.net | Pinterest
Imagen de mydearbasil.tumblr | Pinterest
Imagen de animecrazy.net | Pinterest






































Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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4 de septiembre de 2015

Alina Dells


Aquella hermosa vida rodeada de gente, de ostentosos vestidos, tapices antiguos, bailes perfectos… Aquella vida se desvaneció en una fina lluvia de cristales, un lejano recuerdo que jamás volvería. El inicio de la catástrofe fue el temblor de las paredes, después todo estalló. El suelo se agrietó en medio de una histérica confusión, se escuchaban gritos por todos los rincones a medida que el edificio se desmoronaba. Las doncellas más jóvenes lloraban, las más veteranas luchaban por mantener a salvo a sus señores, una misión muy complicada en aquellas circunstancias.
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31 de agosto de 2015

El poder de los sueños

Aunque intentó no dormirse, sus ojos inundados de lágrimas, estaba demasiado cansada. Tras aquella discusión había estado llorando durante horas, sintiéndose incapaz de otra cosa. Se había encerrado en su habitación y aovillado sobre la cama, sin siquiera apartar las mantas o cambiado su uniforme escolar por el pijama.
Leila se sintió, de pronto, cansada y sus párpados se tornaron más pesados de lo habitual. Intentó mantener los ojos abiertos. Sabía que si no dormía seguiría llorando toda la noche, pero sería mejor que lo que la aguardaba. Sin poder evitarlo, se sumió en un profundo sueño.
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6 de agosto de 2015

El ser tenebroso



Era una oscura noche, con un cielo repleto de nubes y un viento helado. El bosque se había vuelto tenebroso, los animales se habían refugiado; no se oía más que una furiosa brisa agitando las ramas de los árboles.
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31 de julio de 2015

Protectores


La desesperación se palpaba en el ambiente cuando los dos guerreros se enzarzaron en una lucha que prometía ser terrible. Los dos pertenecían a un mismo bando y habían jurado defender a las gentes de su reino, dando su vida si fuese preciso. Por ello, todos los allí presentes lucían expresiones horrorizadas cuando los dos compañeros se enfrentaron. No estaban dando sus vidas para defenderlos, sino que lo hacían por una tonta disputa y, además, fuera cual fuese el resultado, muriese quien muriese, sería una terrible pérdida para todos.
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21 de julio de 2015

La Princesa del Amor

La princesa del amor
A una amiga muy especial,
La verdadera princesa del amor.

En un mundo de traiciones y engaños, donde la justicia tan solo era el privilegio de unos pocos, vivía la princesa de los sentimientos. Ella era una hermosa joven de larga melena y preciosos vestidos rojos. Habitaba un gran castillo en el medio de la ciudad rodeada de riquezas y lujos, y no le sobraban pretendientes. Esta jovencita soñadora era un torbellino de sentimientos, reía, lloraba, gritaba… Incluso mostraba sentimientos nuevos, que únicamente ella poseía. Pero toda su vida cambió repentinamente.
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11 de julio de 2015

Reseña de "El señor de las moscas"


¡Hola! Os presento la reseña de un libro que me sorprendió bastante. Es algo antiguo pero es la clase de historia que no te deja indiferente, que te hace pensar.


Título: El señor de las moscas.
Autor: William Golding.
Editorial: Alianza.
Datos: Premio Nobel de Literatura 1983.


Sinopsis:
Fábula moral acerca de la condición humana, El señor de las moscas es además un prodigioso relato literario susceptible de lecturas diversas y aun opuestas. Si para unos la parábola que William Golding estructura en torno a la situación límite de una treintena de muchachos solos en una isla desierta representa una ilustración de las tesis que sitúan la agresividad criminal entre los instintos básicos del hombre, pata otros constituye una requisitoria moral contra una educación represiva que no hace sino preparar futuras explosiones de barbarie cuando los controles se relajan.

Opinión:
En primer lugar, creo que este libro se merece una sinopsis diferente, porque yo, la verdad, solo leyéndola no es que me atraiga el libro.
Este no es un libro para todo el mundo, no es una historia de aventuras ni un simple grupo de niños perdidos en una isla. Creo que esta historia tiene algunos mensajes profundos difíciles de ver, disfrazados con la trama.
Admito que al principio el libro no me enganchó mucho, había demasiada descripción para mi gusto y fue algo pesado. Pero a medida que la trama avanzaba se volvía más y más interesante. Tardé en recordar a los personajes porque al principio me lié con quién era Ralph. Los personajes son niños y son impredecibles, tienen su propia forma de ver la situación en la que se encuentran, una visión muy curiosa.
Imaginaos, unos chicos aparentemente civilizados deben sobrevivir en una isla sin adultos. Al principio todo va lo mejor que puede ir en tales circunstancias, sin embargo las normas que se instauran en un inicio se van rompiendo y la sensatez desaparece. Me sorprendió mucho la evolución de los jóvenes y su forma de afrontar la situación. ¿Te atreves a meterte en la piel de estos chicos que empezarán a dudar entre lo que es real y lo que sus mentes imaginan?

Esta lectura se puede acompañar con la película (que todavía no he visto, así que no os puedo decir más).
No recomendaría este libro a una persona que lee poco o solo busca entretenimiento en los libros; sino a alguien que sea capaz de leer más allá de las palabras y le guste reflexionar sobre sus lecturas. Creo que alguien así podría disfrutar mucho de este libro, yo tendría que volver a leerlo para entender todo lo que se esconde tras él, porque no tuve mucho tiempo para apreciarlo lo suficiente.
Si el autor se llevó el Nobel de Literatura gracias en gran parte a este libro no será una historia tan terrible...

Aquí os dejo una imagen muy bonita de la portada...

Imagen de losconjurados.tumblr | Pinterest
Un saludo!!

Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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18 de junio de 2015

El secreto de la Luna

       El Pueblo de la Luna era un maravilloso lugar lleno de leyendas e historias tras unas altas montañas recorridas por delicados ríos. Cuando las aguas de estos no se congelaban, el brillante reflejo de la Luna asombraba a todos los habitantes iluminando las laderas rocosas. Efraín y Tabita solían jugar con los demás niños a coger el reflejo del astro y, aunque nunca nadie lo había conseguido, era tradición entre los jóvenes intentarlo todos los meses con Luna llena.


Sin embargo, no todo era luz y esplendor en este encantador pueblo. Cuando la Luna brillaba todo eran festejos y celebraciones en su honor, pero cuando se retiraba del cielo, los habitantes se encerraban en sus casas para protegerse de las Sombras.
—¡Tabita! —gritó Efraín.
Su hermana pequeña jugaba bajo las ramas de un imponente abeto que, bajo la luz declinante del sol, parecía perder poco a poco su majestuosidad.
—¡Tabita! —gritó de nuevo.
La niña giró por fin la cabeza en su dirección y le dedicó una cálida sonrisa de disculpa. Recogió unas florecillas del suelo antes de caminar hacia su hermano.
—Pronto se hará de noche —le reprochó él.
Tabita llegó hasta él y continuó perdida en sus pensamientos.
—¿Me estás escuchando? —preguntó Efraín.
—Sí, sí, ya vamos ahora a casa —respondió ella despreocupada.
Efraín optó por no desesperarse con su hermana y juntos emprendieron el camino de regreso a la cabaña de madera en la que vivían. La niña daba pequeños brincos mientras caminaba y Efraín observaba ocultarse el sol, con temor. No tardaron mucho en llegar a su destino. En la puerta, un hombre apilaba varios tablones de madera y una mujer buscaba con la mirada a sus hijos, casi con desesperación. Al verlos corrió hasta ellos y agarró de la mano a la pequeña.
—Habéis tardado demasiado, ¿qué ha pasado? —dijo la madre.
Efraín miró acusadoramente a su hermana.
—Básicamente —explicó—, que cierta personita ha estado jugando demasiado tiempo.
Esperaba que su madre sonriera condescendientemente, pero el gesto serio de su rostro decía lo contrario. La mujer miró a sus dos hijos con dureza y habló.
—Las noches de Luna Nueva no debéis… No, no podéis permanecer en el exterior al atardecer.
—Ya pero… —quiso excusarse Efraín.
La madre lo miró, severa, y también obligó a Tabita a atender.
—Pero nada —cortó la mujer—. Las Sombras no tienen piedad ni de los niños, ¿me habéis entendido?
Efraín y Tabita se miraron, luego respondieron a la vez:
—Sí, mamá.
—La Luna no puede protegernos hoy, ¿me oís? —continuó la madre.
Y, de nuevo, los hermanos respondieron:
—Sí, mamá.
La mujer, satisfecha, sonrió con alivio antes de llegar a la cabaña.
El padre estaba terminando de sellar las rendijas de las ventanas, haciendo su mejor esfuerzo. Al ver a la familia llegar, abrió la puerta.
—Vamos, adentro —urgió—. Los demás hace rato que se han escondido.


Los vecinos habían terminado pronto esa tarde. El hombre también lo habría hecho de no haber esperado a sus hijos. Entraron en fila por la puerta y, una vez dentro, todos ayudaron a clavar un tablón en la puerta. Después, por seguridad, colocaron también una mesa delante de la entrada.
—Bien —dijo el hombre—, vayamos al sótano.
La mujer asintió y, en silencio, bajaron las viejas escaleras al sótano. El suelo estaba cubierto por paja húmeda y había un par de mantas apiladas al fondo. Todos sabían perfectamente cómo comportarse en aquella situación. Encendieron unas velas para iluminar la habitación, colocaron las mantas y se sentaron bajo ellas. La madre arropó a Tabita y, tras captar la atención de los niños, repitió lo que decía cada Luna Nueva:
—Bajo ningún concepto salgáis de aquí, ¿entendido? Oigáis lo que oigáis, necesitéis lo que necesitéis, ni se os ocurra subir esas escaleras…
—…hasta que el sol esté en lo más alto —completó Efraín.
La madre sonrió y abrazó a sus hijos, el hombre de la casa aseguró la puertecita del sótano y encendió una vela blanca.
Este era el ritual que se llevaba a cabo una vez al mes en todos los hogares. Casas selladas, gente escondida y emotivas despedidas como si nunca más se fueran a ver de nuevo; porque cada Luna Nueva las Sombras acechaban y a veces, incluso estando las casas bendecidas, conseguían entrar.
Efraín dormía con su hermana en brazos cuando un extraño ruido lo sobresaltó. Abrió los ojos, alerta, y miró hacia todos lados. Las velas se había apagado, excepto la blanca, y sus padres no estaban a su lado, sino subiendo las escaleras del sótano.
—¿Qué hacéis? —susurró.
Ambos se giraron y dijeron a la vez:
—No os mováis.
Efraín iba a replicar, pero su padre habló primero:
—Hay luz fuera, tal vez alguien necesite ayuda.
Efraín forzaba la vista para distinguirlos en la oscuridad.
—Ese no es motivo para salir, es peligroso —replicó.
Su madre consideró que era lo suficientemente mayor como para hablar con mayor sinceridad.
—No es solo la luz… también son los gritos.
—Pero… —se quejó el pequeño.
Fue inútil, sus padres ya habían abierto la puerta del sótano y salían cautelosos al interior de la casa. Efraín aferró con fuerza a su hermana y cerró los ojos; tenía un mal presentimiento. Tabita despertó de su plácido sueño y susurró:
—Las Sombras están cerca.
Efraín tensó todos los músculos de su cuerpo y miró con preocupación a su hermana. Tabita volvía a dormir. Él dirigió su mirada hacia la puerta del sótano, en busca de sus padres. Pero en vez de verlos, los escuchó. Escuchó el gemido grave de su padre y el grito desesperado de su madre; lo último que recordaría de ellos.
Después todo fue oscuridad y silencio.
Nadie sabía con certeza qué eran las Sombras y por qué atacaban a las personas, solo confiaban en que su preciada Luna, tan bella y resplandeciente en lo alto del cielo, los protegía.
Tabita y Efraín fueron acogidos por una anciana sacerdotisa del Templo de la Luna. Su nueva casa también era de madera, las paredes y el suelo estaban decorados con modestos tapices en honor a la Luna y la construcción se encontraba junto al Gran Templo. Lo primero que había dicho Tabita al recuperar la voz tras aquella trágica noche fue:
—¿Dónde están mamá y papá?
La sacerdotisa estaba presente y le respondió con una sonrisa.
—Están con la Luna.
De este modo, ante la diaria pregunta de la niña, Efraín repetía la respuesta de la anciana.
Tabita comenzó a cambiar. Todas las noches encendía una vela blanca en recuerdo de sus desaparecidos padres. No había cuerpos que confirmasen su muerte porque la Luna los permitía reposar eternamente con ella. Después le preguntaba a Efraín lo mismo, una y otra vez, pero la respuesta nunca la satisfacía.
Aquel lugar era más seguro que su antigua casa. Las noches sin Luna no se ocultaban en pequeños sótanos, sino en el Templo, donde las sombras no habían osado entrar jamás y donde solo unos pocos afortunados tenían permitida la entrada esas noches. En Luna Llena se rendía culto a la Luna y solían hacerse sacrificios humanos.
—¿Por qué la Luna quiere que alguien muera en su honor? —preguntó Tabita en el sacrificio de una niña.
Fue a partir de aquel momento cuando Efraín comenzó a preocuparse por su hermana.
—Esa niña va a ir con la Luna, lo que es un gran honor para ella y sus padres —respondió—. Estará con la Luna sin sufrir más el tormento de las Sombras.
Tabita no añadió nada más.

En el décimo cumpleaños de la joven, tres años después del fallecimiento de sus padres, la pregunta diaria de la niña cambió.
—¿Por qué la Luna permite que las Sombras nos lleven?
La sacerdotisa se escandalizó y castigó a Tabita una semana sin salir de su cuarto por semejante osadía. Efraín no hizo nada; la pregunta de su hermana insinuaba que la Luna, la gran Protectora, no hacía todo lo que estaba en su mano por defender a su pueblo. Tabita no se inmutó y cumplió el castigo, pero después no volvió a preguntar nada, no encendió la vela blanca de nuevo y se alejó de la gente. Este repentino comportamiento inquietó a Efraín aún más. Antes, aunque los comentarios de Tabita fuesen atrevidos, sabía lo que pasaba por la cabeza de su hermana. Ahora no podía deducir hacia dónde la guiarían sus nuevos pensamientos.
Tabita no hablaba más que con una amiga que había hecho en el pueblo, ni si quiera le dirigía la palabra a Efraín y este empezó a enfadarse. Una noche de Luna Creciente, con la sacerdotisa en el Templo preparándolo para la siguiente fase lunar, Efraín se colocó frente a su hermana y no la dejó pasar.
—Déjame ir a mi cuarto —fueron las primeras palabras de Tabita en meses.
Su voz sonaba fría, distante.
—Ni hablar —se negó Efraín—. No hasta verte mostrando tus respetos a la Luna.
Sospechaba que su hermana había dejado de creer en la Luna, algo impensable para una habitante del Pueblo de la Luna.
—Cerráis los ojos y os dejáis manejar —respondió Tabita—. La Luna, las sombras, no son más que engaños y mentiras.
Sus palabras dejaron helado a Efraín, Tabita estaba peor de lo que pensaba y era evidente que sería difícil hacerla entrar en razón.
Efraín quería ayudar a su hermana antes de que alguien supiese de su rechazo hacia la grandiosa Luna y convenciese a todo el pueblo de dejarla a merced de las Sombras. Pero para ayudarla, primero debía averiguar hasta dónde llegaban sus desvaríos. Y solo había una persona que podría saberlo, la única persona que hablaba con Tabita…
Una tarde de un tranquilo día, una niña de diez u once años caminaba por el pueblo con un cesto de flores. Efraín la agarró por un brazo y la llevó hasta la parte trasera de una casa. La niña se recuperó del susto al reconocer al hermano de Tabita.
—¿Qué tiene Tabita en contra de la Luna? —preguntó Efraín.
La niña se sorprendió por la pregunta y se puso nerviosa, intentó irse de allí, pero el joven la retuvo.
—Responde, por favor.
Las últimas palabras denotaron la desesperación de Efraín. La niña se desasió de él despacio, comprobó que no había nadie cerca y habló:
—¿No es lo mismo ser sacrificado que morir a merced de las Sombras? Al fin y al cabo, de los dos modos se termina junto a la Luna.
Efraín dio un paso atrás.
—¿Qué… qué quieres decir?
La niña, todavía nerviosa, trató de defenderse:
—Fue lo que me dijo Tabita.
Se calló unos instantes y echó a correr.
Efraín estaba cada vez más horrorizado por las absurdas ideas de su hermana. La Luna los protegía y cuando las Sombras se llevaban a alguien, Ella lo conducía a su lado. Si Tabita no creía en Ella, nunca podría estar a su lado y reencontrase con sus padres. Efraín debía pensar algo rápido.
Otra noche sin Luna llegó y se llevó consigo a la amiga de Tabita. Efraín esperaba que aunque la niña hubiese escuchado a Tabita y meditado sus insensatas ideas, siguiese creyendo en la Luna. Desconocía lo que podía sucederle a la gente que desaparecía y no tenía fe en el astro, la gente que desafiaba y deshonraba a la Luna. Tabita no se lamentó por la pérdida, no lloró ni encendió una vela por su amiga, simplemente se quedó sin nadie con quien hablar. Pero no pareció importarle.
Pasó el tiempo y Tabita cumplió doce años. Ese, sin duda, fue el peor año. La sacerdotisa sospechaba lo que Efraín sabía acerca de la fe de su hermana. Esto enfrió la relación con la anciana, que comenzaba a arrepentirse de haberlos acogido en su casa. ¿Cómo podía considerarse sacerdotisa de la Luna si estaba criando a una niña que no creía en Ella?
Tabita apenas comía, no celebraba la Luna Llena y no temía las noches sin Luna. Era una niña incomprendida, creía Efraín; se estaba convirtiendo en un monstruo, sostenía la sacerdotisa. Pero a Tabita poco le importaba lo que pensasen de ella, tenía su propia manera de pensar y con ello le bastaba.
Llegó otra Luna Nueva. Los vecinos se ocultaban y muchas sacerdotisas encendían velas en el Templo en honor a la Luna. Efraín entró en la habitación de Tabita para llevarla al Templo, pero ella no se encontraba allí y la ventana estaba abierta. El joven se puso muy nervioso. Corrió por la casa en busca de la anciana que le había dado un nuevo hogar y la encontró en la entrada, colocándose un chal sobre los hombros.
—¡Tabita no está! —exclamó Efraín.
La sacerdotisa lo miró alarmada.
—Debemos encontrarla —respondió.
Pero más que preocupada por la niña, se preocupaba por su reputación si salía de aquella casa que Tabita osaba contradecir a la Luna.
El ya adolescente Efraín asintió y salieron a la calle para emprender la búsqueda, pero era demasiado tarde. La oscuridad de la noche se cernía sobre ellos y el pueblo se había vuelto silencioso; las Sombras estaban al acecho.
—Al Templo, ¡ya! —ordenó la anciana.
—¡No! —Se negó Efraín—. Tabita…
—Es su voluntad, no puedes fingir que no lo sabes.
El joven trató de asimilar lo que aquello significaba.
—Si sales a buscarla, ninguno de los dos regresará —sentenció la sacerdotisa.
Efraín agachó la cabeza y se dejó guiar al Templo.
Aquella noche fue una de las más oscuras que se recordaban; pocos pudieron dormir.
A la mañana siguiente algo insólito sucedió. Un grito atrajo a muchos curiosos hasta la plaza, incluido Efraín. Un frágil cuerpo yacía sobre el suelo, pálido, inerte; era Tabita. Su hermano, al ver lo que había tratado de negar, cayó de rodillas al suelo, pero no derramó ninguna lágrima. Tampoco lo hizo al trasladar el cuerpo de Tabita a su habitación ni durante las visitas de la gente para darle el pésame.
Los vecinos que acudían a velar unos instantes por la niña la observaban temerosos, recelosos. Y con motivo, pues nunca en la historia del Pueblo de la Luna las Sombras habían devuelto un cuerpo raptado. Circulaban terribles rumores sobre el tema, pero a Efraín no le interesaban. Lo único en lo que podía pensar era en que había perdido a la única persona que le quedaba, su querida hermana pequeña a la que no había sabido proteger.
Terminada la hora de las visitas, Efraín encendía decenas de velas en la habitación de Tabita, alrededor de la cama en la que yacía. Velas blancas como las que ella había encendido en honor a sus padres, como la que su padre había encendido en la última noche de su vida.
Encendió la que le quedaba y observó a su hermana. Si ella hubiese sido como el resto, si no hubiese desafiado a la Luna, aún estaría con él. Pero la Luna la había rechazado, si no su cuerpo reposaría junto al astro, junto a sus familiares y antepasados. El joven permitió que una lágrima se deslizase por su mejilla, una lágrima secreta que contenía toda la pena por la muerte de su hermana.
Se dirigió hacia la puerta y vio algo encima de la mesa de Tabita. Era una nota. Efraín secó su lágrima y cogió el pedazo de papel. Había algo escrito con la letra de la niña:
«La Luna juega con nosotros».
Efraín sintió el repentino impulso de mirar una última vez a su hermana. Seguía allí tumbada, con un rostro tan sereno que semejaba estar dormida, aunque nunca despertaría. El joven percibió un leve movimiento en los dedos de la niña y sacudió la cabeza para despejarse. Debía alejarse de allí o se ahogaría en su propia pena. Pero no pudo reaccionar.
Tabita había abierto los ojos.


*Imágenes de libre uso.

Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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