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Mostrando entradas de junio, 2015

El secreto de la Luna

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El Pueblo de la Luna era un maravilloso lugar lleno de leyendas e historias tras unas altas montañas recorridas por delicados ríos. Cuando las aguas de estos no se congelaban, el brillante reflejo de la Luna asombraba a todos los habitantes iluminando las laderas rocosas. Efraín y Tabita solían jugar con los demás niños a coger el reflejo del astro y, aunque nunca nadie lo había conseguido, era tradición entre los jóvenes intentarlo todos los meses con Luna llena.


Sin embargo, no todo era luz y esplendor en este encantador pueblo. Cuando la Luna brillaba todo eran festejos y celebraciones en su honor, pero cuando se retiraba del cielo, los habitantes se encerraban en sus casas para protegerse de las Sombras. —¡Tabita! —gritó Efraín. Su hermana pequeña jugaba bajo las ramas de un imponente abeto que, bajo la luz declinante del sol, parecía perder poco a poco su majestuosidad. —¡Tabita! —gritó de nuevo. La niña giró por fin la cabeza en su dirección y le dedicó una cálida sonrisa de d…

El reflejo

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Aquel era un reino hermoso, donde el sol hacía brillar las pequeñas florecillas del campo y la lluvia sacaba reflejos a las hojas de los árboles. Había un río, El río, la corriente de agua permanente que recorría todo el reino. Era él el que marcaba los límites, junto con el valle que él mismo había construido y el mar que bañaba el sur. No se necesitaba más para vivir si se contaba también con un castillo y una doncella propia. Lo único que Mysa añoraba era la compañía, porque a pesar de tener a una joven muy dispuesta a su lado, no tenía a nadie más en ese hermoso y lejano castillo.

Tras la lluvia, vino el sol. Miranda caminaba por la calle con el paraguas cerrado y la mente en la luna. Cuando se es adolescente, hay demasiadas preocupaciones y a la vez no hay ninguna; ironías de la vida. La joven estaba serena, aburrida. Aquella mañana había tenido el presentimiento de que algo en su vida iba a cambiar, una extraña idea que no podía quitarse de la cabeza. Pero eran las siete de la tar…