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Mostrando entradas de agosto, 2017

Cenizas de un sueño roto

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A ti, para ti y por ti, dios de lo Imposible.

Son muchos los que te veneran y te ofrecen sus sacrificios, los sueños rotos de los que te alimentas. Con cada sacrificio te haces más fuerte en sus corazones, y cuanto más fuerte eres más sacrificios te otorgan, hasta que llegue el día en que acabes por consumir sus almas hasta los cimientos, todo su ser y todos sus sueños. No quedará nada, excepto desesperación. Y, a pesar de todo, no pueden dejar de adorarte.

Ellos no saben por qué, pero seguro que tú sí lo sabes, Imposible. Te siguen por miedo, miedo a fracasar, pero también a triunfar. Temen sacar su verdadera esencia y mostrarla al mundo en su forma más pura, temen lo que la gente piense. La mayoría de ellos se resignan, se rinden ante ti y te ofrecen de nuevo las cenizas de sus sueños rotos. Pero no todos. Hay algunos que consiguen ver la verdad, la misma que tú intentas ocultar para continuar con tu reino de desesperación.

¿Y cuál es, entonces, esa verdad? La verdad, mi querido I…

A ti, que me lees

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A ti, que me lees, te dedico estas palabras. ¿Por qué? Te preguntarás. ¿Tiene que haber alguna razón para agradecerte que te pases por aquí?
La verdad es que hoy estoy feliz y quería compartirlo con el mundo, con cualquier estrellita solitaria que surque el cielo o contigo, que navegas por nuestras Tardes de Fantasía en busca de sentimientos, reflexiones o simplemente aventura.
Estoy feliz porque aunque tengo un proyecto demasiado grande entre manos para el poco tiempo que me queda, estoy orgullosa con lo que estoy consiguiendo. El plazo del concurso al que quiero enviar a mi pequeñín, el Proyecto Viento, termina el 5 de septiembre y voy por el capítulo 11 de 20 (más la demasiado necesaria revisión). Sumado a que la semana que viene apenas voy a tener tiempo para escribir, voy más que justa con el plazo… Y aun así estoy feliz, ¿no es increíble? Estoy feliz porque lo estoy tomando en serio, porque estoy disfrutando mucho con cada diálogo, cada acción o cada personaje de la novela. Esto…

Izanami e Izanagi, los dioses creadores

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En un inicio todo era caos. La Tierra consistía en un solo océano embravecido que ni siquiera los primeros dioses lograban contener. Después de tanto esfuerzo por crear aquel nuevo mundo, no había ni rastro de vida o tan siquiera tierra firme sobre la que pisar. Los dioses casi se habían dado por
vencidos cuando surgió una nueva esperanza: dos nuevas deidades, el dios Izanagi y la diosa Izanami, que, bajo el mandato de sus antecesores, consiguieron lo imposible y pusieron fin al caos que reinaba en la Tierra. Las corrientes se calmaron y surgieron sobre el mar pequeñas islas en las que pudieron establecerse.

Terminada su hazaña, Izanami e Izanagi se reprodujeron y sus descendientes fueron nuevos dioses que controlaron todos y cada uno de los aspectos de aquel mundo, como el dios del mar, del viento, de los árboles o de las montañas. Sin embargo, un aciago día, Izanami dio a luz al dios del fuego y el cuerpo de la diosa no resistió. Izanagi, furioso por la pérdida de su esposa, dirig…

Hechizo de mar

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La brisa, suave y cálida, te rodea; huele a sal, arena y algas. Deslizas un pie por el suelo y una cascada de arena ardiente resbala sobre él. Avanzas con el otro pie mientras el viento mueve tus cabellos al compás de la naturaleza. Giras, saltas, caminas hasta el fin de la tierra; sientes frente a ti el dominio del océano. Solo una barrera invisible te separa del caos de las ondas. Por supuesto, rompes la barrera de aire, la atraviesas con el corazón latiendo al ritmo de las ondas. El agua roza primero tus pies, está tan helada que por un momento crees que el hechizo se rompe. Pero no es así. Dejas que el mar vaya cubriendo tu cuerpo y con él la esencia del ardiente sol se desvanece.
Photo by Leo Roomets on Unsplash
Lo que dejas atrás ya no importa, solo importa el futuro, las ondas a tu alrededor; las olas sobre las que te dejas caer. Durante un instante te fundes con el océano, tu ser se vuelve uno con el agua. Flotas, te dejas mecer por el canto de las ondas. Respiras, la sal y la…