29 de abril de 2017

El dragón solitario

Esta es la historia que escribí para el concurso Mundos Fantásticos convocado por el blog de Luna Antigua. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de darle forma a esta historia ^^, espero que la disfrutéis.


Alguien los observaba.

El fin estaba cerca en la batalla que marcaba el fin de una época y el principio de otra. El valeroso guerrero portaba su espada de madera, decorada con las primeras flores Iléi del año. El dragón, por su parte, mantenía su posición frente a él con creciente indecisión ante los vítores del público, dirigidos claramente a su oponente.

Todos los años había demasiadas peticiones para representar al guerrero y ninguna para representar al dragón. Maw, el niño que interpretaba el tan ansiado papel, lo había conseguido con esfuerzo y dedicación, mientras que Row estaba allí por obligación y azar. Le había tocado a él y debía hacerlo.

—¡Acaba con el dragón! —se emocionó una mujer de la tribu.

Sus cabellos rojos resplandecían a la luz de los frutos luminosos que colgaban de las ramas que cubrían el claro del bosque. Ella y todos los miembros del clan se sentaban en círculo alrededor de los dos actores. Cuando alguien empezó a dar golpes en el suelo, emocionado, todos lo imitaron.

Row deseaba estar castigado en su humilde choza o en lo alto de las ramas del bosque, donde nadie se atrevía a subir, antes que bajo las miradas enloquecidas de quienes los observaban.

Y la sensación de ser observado por alguien persistía.

—Por nuestro hogar, nuestro Bosque sagrado que tantas veces habéis amenazado con vuestro fuego —interpretó Maw su papel—, ¡yo te destruiré, último de los dragones!

—Una espada de madera no podrá atravesarme —respondió Row con una firmeza que no sentía.

—No es una simple espada de madera, dragón. ¡El Bosque nos protege y nos da su poder!

Y rozó con los dedos las flores Iléi de su espada, como si fuesen a resplandecer como en la leyenda.

—Unas flores no evitarán… —a Row le parecía que la actuación se volvía más irreal por momentos—… que destruya vuestro Bosque.

Los continuos e irregulares golpes contra el suelo se hicieron más fuertes. La tierra temblaba y todas las criaturas de Dasoria, el Bosque sagrado, despertaron.

Ahora eran cientos o miles los pares de ojos que los observaban y, sin embargo, seguía habiendo una mirada que destacaba entre las demás.

El clan, además de hacer vibrar la tierra, comenzó a entonar un suave canto. Todo eran vocales dulces y melodiosas que pretendían ser lo opuesto a un rugido de dragón. Hacía cientos de años que Kaw había derrotado a la última de estas criaturas y nadie podía recordar cómo rugía un dragón, pero debía de ser un sonido oscuro, áspero y tenebroso.

Los seres del Bosque imitaron a los humanos con sonidos; todos eran criaturas de Dasoria y un vínculo las unía. El propio Bosque parecía despertar con esta llamada, las hojas de los árboles temblaron y algunas cayeron, dejando nacer otras de colores más brillantes.

Era de noche, pero la luz de Dasoria daba vida incluso al aire.

—¡Nuestro Bosque nos protege! ¡Tu cielo no puede ayudarte bajo nuestros árboles!

Siempre el mismo espectáculo desde hacía siglos, Kaw enfrentándose al último dragón con la ayuda de Dasoria y el dragón saliendo derrotado de la batalla.

Row, como tenía que ser, llevaba toda su vida odiando a los dragones y aclamando a Kaw, quien había conseguido despertar a Dasoria él solo para derrotar a su enemigo. Pero de repente dudaba, de repente Row se sentía como si después de aquella noche también él saldría derrotado como el dragón.

Iba a decir las palabras que le correspondían a continuación, pero ya nada tenía el mismo sentido.

—¿Cómo puede hablar un dragón si se supone que de su boca solo salen los oscuros rugidos de más allá del cielo? —dijo sin pensar.

Eso se lo había preguntado a su abuela una noche de tormenta, hacía algunos años, en la que los truenos se parecían demasiado a lo que debían de ser los rugidos de un dragón. Su abuela le había dicho que si fuese un dragón, anunciaría el caos con su oscura voz. Pero para Row no tenía sentido que un dragón pudiese hablar si solo causaba el caos, porque para él las palabras eran un don de Dasoria. Como respuesta, su abuela le prohibió que preguntara cosas que pudiesen ofender al Bosque sagrado.

—Eso mismo me pregunto —improvisó Maw— y prefiero no conocer su oscura respuesta.

Después le lanzó una mirada de advertencia a Row. Él asintió y trató de concentrarse, pero la inquietud lo invadió al sentir de nuevo una penetrante mirada, esta vez sin duda clavada en él.

Maw alzó la espada con maestría y la dirigió hacia Row. No había peligro, pero Row la esquivó quizá porque había nacido con la desgracia de ser alérgico a las flores de Iléi o quizá por lo nervioso que estaba.

El público gritó indignado y Row aprovechó esos segundos de desconcierto para mirar a su alrededor. Vio a Wae, la hija de los jefes de la tribu y para él la más radiante dama de cabello rojizo. Ella lo miró decepcionada por haber esquivado el golpe que pondría fin al ritual y daría comienzo a los demás festejos.

A veces, Row sentía que lo miraban como si él fuese un dragón. No por su alergia a las legendarias flores que habían derrotado a la última de estas criaturas aladas, tampoco porque estuviese interpretando a una. No, él sentía que lo miraban como a un dragón porque, sin pretenderlo, Row veía más allá de unos horripilantes monstruos de los cielos.

Ante la mirada de Wae, bajó un poco la cabeza, aunque esos no eran los ojos que necesitaba encontrar en ese momento.

Maw volvió a la carga y Row estaba dispuesto a aceptar el roce de las flores que le dejarían la piel dolorida durante varios días. Pero entonces, los vio. No distinguió su color o a quién pertenecían, tampoco hizo falta. Aquella mirada poderosa y profunda lo hizo olvidarse hasta de su propio nombre. En ese instante sintió que ya no era Row el raro, el diferente, el dragón. En ese instante sintió que alguien veía a través de él y no lo juzgaba, más bien lo invitaba a dejar salir sus impulsos más escondidos, los que ni él mismo sospechaba que tenía en su interior…

Dejó de ver aquellos poderosos ojos.

Maw deslizó la espada hacia Row y los golpes en el suelo se aceleraron. Entonces, una llama de fuego surgió entre Maw y Row. ¡Fuego! Los cánticos cesaron, todo se detuvo; hacía tanto tiempo que no se encendía un fuego en Dasoria que nadie supo cómo reaccionar. Los animales fueron los primeros en desaparecer, después llegaron los gritos humanos. Eran gritos de horror, de malos presagios y preguntas sobre cómo apagar esa llama infernal.

—¡Agua! —exclamó sabiamente un anciano.

Maw se había caído hacia atrás de la impresión, pero Row seguía firme, hipnotizado por la belleza de la llama que en los demás causaba desesperación.

—¡Apártate del fuego, chico! —gritó alguien.

Row fue consciente entonces del caos y empezó a asustarse. No tardó en ver a algunos que lo contemplaban con horror creyendo que Row tenía algo que ver con la aparición del fuego. Él dio varios pasos hacia atrás y cuando la oscuridad del Bosque más allá del luminoso claro lo cubrió, echó a correr.

—¡Row! —escuchó.

Pero nadie pudo detenerlo antes de que se perdiese entre los árboles.


Sus pies avanzaban solos y la cabeza le daba demasiadas vueltas. Temía haber enfadado a Dasoria con su comportamiento o incluso algo peor; que los dragones resurgieran de aquel fuego.

Algunos frutos luminosos iluminaban de vez en cuando su camino, pero él no se fijaba en nada, solo sabía que corriendo se sentía más ligero.

Después de un tiempo corriendo, ante él surgió una torre de piedra tan alta que sobrepasaba la copa de los árboles. Row se detuvo. Aquella construcción era un vestigio de un tiempo antiguo de damas, caballeros y dragones; era lo único que quedaba para demostrar que había habido un tiempo en el que mirar al cielo era habitual y no aterrador. Se decía que una solitaria mujer habitaba la torre, pero, que se supiera, nadie había entrado para comprobarlo. Era una historia antigua de esas que a Row le gustaban cuando debían asustarlo.

La puerta de la torre estaba abierta.

El fuego, la huida y ahora la puerta abierta… Row se acercó a la torre y entró; ya se había asustado lo suficiente por un día. Empezó a subir una interminable escalera de caracol con escalones de piedra. Llegó al último y empujó una puertecita de madera. Al otro lado, había una habitación con libros y muebles de los que había oído hablar en los cuentos. Dos antorchas con fuego iluminaban el lugar; más fuego. Intentó no acercarse a las llamas y cruzó la habitación para asomarse a la ventana y ver lo que nadie en su clan había visto nunca; el cielo.

Se maravilló. Faltaba poco para que la oscuridad de la noche se retirara, pero las estrellas todavía brillaban en el horizonte infinito. Row imaginó que las estrellas eran los ojos del cielo…

—Hermoso, ¿verdad? —dijo una voz.

Row se giró de inmediato y vio en la puerta a una mujer. No parecía especialmente mayor, pero aunque no tuviese arrugas, su pelo era blanco y su mirada… su mirada era antigua y profunda, como si hubiese visto más de lo que debería. Era la misma mirada que lo había observado durante el espectáculo.


—¿Es usted la señora de esta torre? —preguntó Row con precaución.

Sabía que no pertenecía a su tribu, por lo menos desde que él había nacido, porque nunca la había visto.

—Llámame Elis —respondió con una sonrisa.

Se alejó de la puerta y se sentó en una silla mientras cogía un libro y lo hojeaba.

—No te puedes llamar así —se extrañó Row, que no se había movido de su sitio.

Elis alzó la mirada y Row no supo decir de qué color eran sus ojos.

—¿Por qué? —cerró el libro.

—Las… las personas usan nombres de tres letras.

Elis se levantó y se acercó lentamente a él con una sonrisa.

—Las plantas reciben nombres de cuatro letras, no las personas —continuó Row sin dejarse inmutar.

—¿Y para quiénes son los nombres de cinco letras?

Estaba casi a su lado.

—Para —tragó saliva— los animales.

Elis, ya junto a él, se asomó por la ventana sin temor a caerse.

—Y las siete letras se reservan para Dasoria… —suspiró la mujer viendo las copas de los árboles.

Row dio un paso hacia atrás y buscó la puerta con la mirada.

—Y nos quedan las seis letras que tanto os gusta evitar… ¿Recuerdas para qué nombres se utilizaban?

—Para los dragones… —contestó él en voz baja.

Elis se apartó de la ventana y cogió el libro que había estado hojeando antes.

—¿Has visto alguna vez un dragón?

No hizo falta que Row respondiera, ambos sabían la respuesta. Elis abrió el libro y le mostró una ilustración.

—Esto es un dragón.

Row tembló al ver los afilados colmillos y las poderosas garras de la criatura.

—Seres de fuego y de escamas de oro —recitó ella—, no pobres muchachos parloteando en el claro de un bosque.

—Dasoria no es un bosque —se molestó Row—, es el Bosque.

Elis cerró el libro y miró a Row muy seriamente.

—¿Sabes por qué vine a vivir a esta torre? ¿Estuviste acaso presente cuando Kaw mató al último dragón? No. No puedes ver que todos en tu clan os limitáis a ver a Dasoria, sin saber que el mundo no se acaba en este bosque. Como también insistís en creer que el único dragón que fue derrotado una vez era el último de su especie.

»Desde el momento en el que te vi representando al dragón, supe que eras diferente a todos los hombres y mujeres que lo representaron antes que tú. Por eso creo que deberías tener algo…

Se acercó a una estantería y cogió un libro de tapas doradas.

—No sé leer —fue lo único que se le ocurrió decir después de escuchar a Elis.

Nadie en Dasoria sabía.

—No necesitas leer si sabes interpretar las imágenes.

Se lo tendió y Row esperó para cogerlo.

—¿Por qué me lo das?

Elis sonrió, enigmática.

—Porque sé que los dragones volverán y si lo único que creéis de ellos es que son criaturas sanguinarias, lo serán. Y sería una lástima que la magia de Dasoria desapareciera bajo el fuego de los cielos por unos humanos que no sabían la verdad.

Row cogió el libro.

—¿Qué verdad?

Pero Elis no pudo responder.

—¡Row! —exclamó alguien subiendo la escalera de caracol.

Maw llegó acompañado de varios jóvenes de la tribu. Solo él tuvo tiempo de entrar porque al ver a Elis se asustó, saltó hacia atrás y tiró una de las antorchas de la habitación.

—¡Maldito fuego! —gritó y miró a Row—. ¡Vámonos!

Maw y los otros chicos se fueron mientras todo empezaba a arder. Row corrió hasta la puerta con el libro en brazos y se dio cuenta de que Elis no estaba con él.

—¡Elis!

Las llamas la envolvieron y ella, en vez de ir tras Row, se acercó a la ventana.

—¿Ves qué hermoso es el cielo al amanecer?

Row quería atravesar el fuego para despertarla de su locura, pero no podía.

—Oh, no te preocupes por mí, preocúpate por salvar ese libro y estar preparado para el verdadero espectáculo, la llegada de los dragones…

El fuego deshacía la ropa de la mujer y Row contuvo un grito de impotencia. Elis levantó un pie y lo posó sobre la repisa de la ventana, después miró hacia atrás.

—¿Sabes cómo se llamaba ese último dragón que tanto celebráis haber matado? Su nombre era Elisia.

Y saltó por la ventana. Pero no cayó, sino que fue tomando la forma de una criatura que hacía siglos que no sobrevolaba Dasoria.

Row bajó corriendo de la torre, impactado. Al llegar al suelo empezó a llover y Maw, aliviado, le pasó un brazo sobre los hombros.

—Tenemos un espectáculo que terminar, dragón.

Entonces escucharon un trueno, aunque Row sabía lo que era en realidad. Miró el libro y a pesar de no sentirse seguro de poder interpretar al dragón, sí sintió que podría evitar que estos acabaran con su pueblo.

Porque los dragones también hablaban.



Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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22 de abril de 2017

Políticas del blog

¡Hola y gracias por leer!
Nunca viene mal dejar claros algunos aspectos con respecto a cómo funcionamos en Tardes de Fantasía.
Para empezar, lo más evidente:

En este blog compartimos escritos propios, ya sean historias, opiniones, poemas o lo que se nos pase por la cabeza. Lo escribimos nosotras y nos encanta poder compartirlo, sin buscar ningún lucro ni beneficio más que el de las opiniones de nuestros lectores para poder mejorar.
No tendríamos ningún inconveniente en que compartierais nuestros escritos o utilizarais frases de los mismos, siempre y cuando indicaseis su autoría y procedencia. En caso de duda, contactad con nosotras. Es sencillamente porque lo que escribimos es muy preciado para nosotras y nos disgustaría encontrarnos por ahí nuestras palabras perdidas por el mundo.

Por supuesto, NO AL PLAGIO. Nos parece una práctica horrible y que sabemos que no lleváis a cabo, pero queremos remarcar que en Tardes de Fantasía condenamos el plagio, una práctica que va contra los derechos de la persona que crea y convierte en miserable a quien lo practica.
Estamos juntos en la lucha CONTRA EL PLAGIO. Como hemos dicho antes, incluso nos encantaría que nuestras palabras os inspiraran y decidieseis compartirlas, pero tenéis que tener en cuenta que compartir algo que ha escrito otra persona sin indicar su autor original es lo mismo que plagiar, aunque se haga sin querer.

En cuanto a los derechos del blog, todos los escritos así como la propia página están registrados bajo una licencia safe creative (que encontraréis en el lateral del blog). Concretamente están a nombre de Sindy B, porque en su momento fue ella la que se encargó del registro. Los dibujos que realizamos nosotras también están registrados de la misma forma.
Esta es una medida que aporta confianza a la hora de tener un blog, así que si tenéis un blog y no usáis las licencias creative commons sería interesante que les echaseis un ojo (porque el registro es totalmente gratuito y se supone que sirve para que en el tenebroso caso de que un alma oscura se apropie de algo de vuestra autoría, no se salga con la suya).

En general, las imágenes que utilizamos en las entradas están etiquetadas para reutilizar con modificaciones. Así que también suele darse el caso de que modifiquemos estas imágenes para relacionarlas más con nuestras historias.
Por desgracia, hemos comprobado que incluso algunas de las imágenes que aparecen etiquetadas de esta manera, realmente su libre uso es bastante dudable. De modo que si hubiese alguna imagen de vuestra propiedad que se encontrara en nuestro blog, no tendríais más que contactar con nosotras y, si lo deseaseis, la retiraríamos sin problema.
Las imágenes que utilizamos y no son de libre uso, siempre procuramos que incluyan las pertinentes referencias y enlaces a la página de donde la hayamos sacado. Igual que en el caso anterior, si la imagen fuese vuestra y deseaseis que indicásemos de otra forma su procedencia o que la retirásemos, solo tendríais que enviarnos un mensaje.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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15 de abril de 2017

La magia de los diálogos

¡Hola lectores!
Una semana más os traemos en palabras las fantasías que se nos ocurren con vuestras propuestas. ¡Muchas gracias!
Esta fantasía nace… de la sugerencia de Kara, del blog Mundos literarios, de escribir un diálogo. A ella los diálogos le parecen complejos y no le falta razón, pues un buen diálogo puede cambiar el curso de toda una historia.
¡Gracias Kara por hacer volar nuestra imaginación!
Y, sin más dilación, he aquí unos deliciosos diálogos…



Sindy: En un principio tenía pensado escribir un relato en el que los acontecimientos estuviesen muy ligados al diálogo (porque, no siendo en teatro, los diálogos suelen acompañarse de narración para expresar mejor la escena). Sin embargo, recordé un diálogo que había escrito en mi primer libro, hace ya dos años y medio… Y lo busqué, porque recordaba que era un buen diálogo, y me sorprendí gratamente al leerlo; me gustó. Así que aquí está ^^.

Para poneros en situación, pues se trata del punto de giro más importante de la novela y ya han sucedido muchas cosas, tenéis que tener en cuenta lo siguiente: Diana y Lea son las protagonistas (la segunda es dependienta) y llevan bastante tiempo tratando de llegar hasta Evelia, la princesa del Equilibrio que puede salvar la Tierra, una Tierra apocalíptica. Las protagonistas y la princesa se conocen, pero esta es la primera vez que se ven en persona (por eso hay un momento en el que “recuerdan” a Evelia).

Diálogo adaptado de “Una historia en blanco”
Escena: Encuentro entre Lea, Diana y Evelia.


Diana, seria, introdujo la llave en la cerradura. Miró a su amiga y dijo:
—El mundo está a punto de cambiar.
Lea asintió y colocó su mano sobre la de Diana, juntas giraron la llave.
Tras la puerta las esperaba una habitación de aspecto medieval. Era pequeña y apenas tenía muebles, entre ellos destacaban una cama con dosel y algunos delicados tapices que decoraban las paredes de piedra. Solo había una ventana, la única ventana del castillo, y, asomada a ella, estaba Evelia, la Princesa del Equilibrio.
Las muchachas entraron en la estancia y Evelia se volvió hacia ellas; la princesa presentaba un aspecto más envejecido del que esperaban. Su sonrisa no era demasiado dulce y sus ojos azules no mostraban la sabiduría y paciencia que recordaban. Sus cabellos rojos resplandecían sobre un ostentoso vestido, pero presentaban algunas canas.
Diana se adelantó y realizó una reverencia.
—Princesa —saludó.
Lea la imitó torpemente y le dedicó una mirada de extrañeza a Evelia. La mujer la percibió y esbozó una sonrisa.
—¿Sucede algo, Lea?
La dependienta se estremeció y se sintió incapaz de mentirle.
—Es solo tu… vuestro aspecto —explicó, intimidada.
Evelia se rio y Diana se asombró por este gesto tan impropio en ella. Se acarició nerviosamente el cabello y cambió de tema.
—Debemos apresurarnos, princesa —urgió—. Como ya os dije, la Tierra…
Evelia la interrumpió con un sonoro suspiro.
—La Tierra, la Tierra, la Tierra —repitió aburrida—. ¿No sabes pensar en nada más que no sea en ese planeta, Diana?
En la voz de la princesa no había dulzura alguna.
Lea y Diana no estaban simplemente sorprendidas por este comportamiento, sino que llegaban a estar asustadas.
—La vida corre un gran peligro, princesa —le recordó Diana con desesperación.
—La vida —repitió la mujer con desprecio.
Mostró una desagradable sonrisa y ambas jóvenes se miraron incrédulas, ¿qué estaba sucediendo allí?
—Princesa —lo intentó de nuevo Diana—, hemos venido a rescataros, vos podéis recuperar la armonía en la Tierra. ¿A qué esperamos para salvar el mundo?
Evelia se rio con ganas y en su rostro apareció una terrible mueca.
—¿Crees que me importa salvar el mundo, como tú dices? —comentó con indiferencia—. ¿No crees que es una meta demasiado grande para ti?
Diana bajó la mirada, desesperada. ¿Qué le había sucedido a la hermosa princesa Evelia que decía poder salvar el mundo? El planeta corría peligro y a la princesa no parecía importarle, ¿por qué?
—¿Se puede saber qué os ocurre? —se hartó la muchacha—. ¿No os he dicho que no podemos esperar más?
Temió recibir una reprimenda, pero en su lugar oyó una despiadada carcajada. Lea dio un paso atrás instintivamente y Diana continuaba incrédula ante lo que sus ojos le mostraban.
—Princesa Evelia… —dijo con precaución.
La princesa la miró con maldad, ¡maldad!, y le sonrió con arrogancia.
—Ingenua niña —dijo—, ¿no ves que yo no soy la princesa?
Y tras hacer un gesto con la mano, un humo violáceo la recubrió mientras soltaba una terrible carcajada. La mujer seguía riendo cuando el humo se disipó, pero ya no era la hermosa princesa que Diana tanto admiraba. La persona que tenía delante era una anciana de cabellos blancos y enredados, ojos negros y perversos y nariz muy afilada. Diana se sintió desfallecer cuando observó su espeluznante sonrisa.
Evelia, o la anciana en la que se había convertido, las miraba insolente y victoriosa. Se aclaró la garganta y de ella salió una voz áspera y desagradable.
—Soy Tyria —rio—. La bruja Tyria.
—¿Nos vas a explicar por qué la princesa Evelia es una bruja? —preguntó Lea indignada.
Tyria la miró socarrona.
—Por supuesto —respondió con su áspera voz—. Aunque tendrás que sujetar bien a Diana, dudo que pueda soportarlo.
Y se rio horriblemente.
—Pues ya te estás explicando —exclamó Lea con brusquedad.
—Tranquila, pequeña —dijo Tyria—, ahora va…


Rush: Este es un diálogo del libro que escribí el año pasado para el concurso de Jordi Sierra i Fabra (ya os hemos hablado de él). Se aleja bastante de lo que suelo escribir, pero buscaba algo un poco más maduro y, además, dadas las dificultades que tengo con los diálogos, creo que me supe manejar bastante bien con los de este libro. Espero que os guste ;).

Es del primer capítulo, así que no tengo mucho que explicar. Es el decimoséptimo cumpleaños de Isabel; ella y su hermano pequeño Mateo viven en un orfanato desde que eran pequeños, y comparten habitación con Alejo y César. Eso es todo lo que necesitáis saber para leer este fragmento :).


Diálogo de "El juego de la vida":


—Te tengo una fiesta especial preparada. —Anunció Alejo. Alzó las cejas, insinuante, y añadió—: Hoy hay luna nueva.
César lanzó un resoplido burlón.
— ¿Especial? Todos sabemos que muchos aprovechan la luna nueva para ir al bosque a escondidas y emborracharse.
—Es una tradición muy noble —afirmó Alejo.
—Coincido —Mateo esbozó una amplia sonrisa—. ¿A qué hora nos escaqueamos?
Mateo parecía muy emocionado, de rodillas en la cama de Isabel, dando pequeños saltitos.
— ¿Nos? —Inquirió Isabel—. Tú no vienes.
El joven dejó de dar saltos en cuanto su hermana pronunció esas palabras. Durante unos instantes no fue capaz de decir nada, mirando a su hermana como si no la hubiese entendido.
—Pero… ¿por qué no? Nunca me dejas ir con vosotros —le recriminó él.
—Eres demasiado joven para beber —repuso Isabel.
Mateo alzó los brazos, exasperado.
—Tengo quince años; tú a mi edad bebías.
—Eso no es cierto —se defendió Isabel.
—En realidad —intervino Alejo—, sí lo hacías.
Isabel lo miró, iracunda, y el joven esbozó una sonrisa nerviosa de disculpa. Mateo compuso una expresión satisfecha y aguardó, cruzado de brazos, la respuesta de su hermana.
—Lo siento, pero no puedo. ¿Qué clase de hermana sería si te dejara venir?
— ¿Una muy enrollada? —Sugirió César.
—Oh —comenzó Mateo, sarcástico, ignorando el comentario de César—, ¿así que eres mejor hermana si dejas a tu hermano solo mientras te emborrachas?
Aquello fue como una puñalada para Isabel, que durante unos segundos no pudo decir nada, en parte porque no había esperado era reacción, y en parte porque no se le ocurría ninguna respuesta a aquella pregunta. Fue Alejo quien habló en su lugar:
—No estarás solo —lo contradijo—; César también se queda.
—Espera, ¿qué? —César no daba crédito a sus oídos—. Solo tengo un año menos que vosotros. —Alejo se encogió de hombros. César soltó un resoplido airado antes de replicar—: ¡Solo quieres que no vaya para estar a solas con ella!
Alejo le dirigió una mirada furiosa.
—Tú te quedas y no hay más que hablar. —Aunque su tono era calmado, había una silenciosa amenaza oculta en sus palabras, dando por terminada la discusión.

Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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8 de abril de 2017

Fantasías en veinte palabras

¡Hola lectores!

Hoy os traemos unos microrrelatos que son todo un reto. Una querida amiga anónima nos lo propuso y aquí podéis ver el resultado.

➼ Esta fantasía nace… de la idea de escribir un microrrelato de máximo 20 palabras. El título no tiene límite de palabras siempre y cuando no desvele lo que va a suceder en el microrrelato.

Muchas gracias amiga anónima por tu propuesta y, sin más, aquí tenéis estas fantasías…



Rush: El reto que nos había propuesto nuestra amiga anónima era escribir un microrrelato de no más de veinte palabras, sin contar el título. Sobre él dijo que podía ser tan largo como quisiéramos, siempre y cuando no contara nada de la historia. Por eso le puse ese título tan grande. Por una vez, he puesto un título raro a propósito, no porque se me den mal.

EN LA SOLEDAD DE LA GUERRA, SOLO QUEDA RESPIRAR Y CONTENER LAS LÁGRIMAS. EL FRÍO, EL SILENCIO, Y EL RECUERDO DE LOS SERES AMADOS. NO PIENSES MÁS, SOLO GRITA Y ABANDÓNATE AL RECUERDO, PORQUE ES ESE RECUERDO EL QUE TE ACOMPAÑARÁ POR EL RESTO DE TU VIDA 

“La ciudad estaba devastada. Caminaba entre los escombros, donde no quedaba nadie con vida. Alguien le tocó el hombro.”
19 palabras


Sindy: Por mi parte diré que me ha sorprendido que se me hayan ocurrido dos microrrelatos y que ambos me ocuparan menos de 20 palabras. Al segundo le tengo un cariño especial porque fueron unas palabras que se me ocurrieron ya hace bastante tiempo.

BRILLANTE FINAL
“Las llamas me rodeaban y abrasaban mi piel… ¡Pero qué hermosas eran a pesar de ello!”
16 palabras

EL GUARDIÁN Y LA PRISIONERA

“Y entonces comprendí que aunque yo era dueño de su libertad, ella era dueña de mi corazón”
17 palabras


Sindy: Quiero incluir además un diálogo que aparecía en Casa de Muñecas, de Ibsen, que me gustó y que encaja aquí perfectamente porque no llega a las veinte palabras.

HELMER. [...] ¿No has sido feliz?

NORA. No: solo estaba alegre, y eso es todo.
14 palabras

Esto es lo que hemos podido sacar de veinte palabras; mucho más de lo que pensábamos. ¡Esperamos que os haya gustado y que nos sigáis proponiendo ideas para nuevas historias!


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1 de abril de 2017

"Verano"

¡Hola lectores!

Como anunciamos la semana pasada, la sección de Donde nace la fantasía nos ofrece muchas posibilidades para escribir. Y para comenzar hemos escogido unos relatos que escribimos hace unas semanas y que van bastante acorde con la intención de esta sección.

➸ Esta fantasía nace… De la idea de escribir un microrrelato de un máximo de 100 palabras y que incluyese la palabra verano.

Los relatos originales están escritos en gallego, por eso hemos querido ponerlos. Y teniendo esto en cuenta, la traducción al castellano de ambos sobrepasa las 100 palabras 😅, es lo que hay.

Esperamos que disfrutéis de la lectura y que nos sigáis proponiendo ideas para crear nuestras fantasías.



Eterna espera (original)


Vento, auga, escuridade... Todo o seu mundo desaparecía mentres se afundía na tempestade. Xa non distinguía o seu barco na distancia, a medida que o seu corpo se perdía nas profundidades do océano. A memoria agasallábao con luminosos recordos daquel prezado barco. Pero a ledicia que sentía cada vez que pensaba nela superábaos. Ela, que só coa súa mirada celeste e a súa sinxeleza lle daba sentido á súa vida.
Nalgún lugar do océano, o seu corpo somerxíase no frío eterno. E nalgún lugar da terra, onde o sol de verán aínda quentaba, ela esperaba o seu regreso.


Eterna espera (castellano)


Viento, agua, oscuridad… Todo su mundo desaparecía mientras se hundía en la tempestad. Ya no distinguía su barco en la distancia, a medida que su cuerpo se perdía en las profundidades del océano. La memoria le regalaba luminosos recuerdos de aquel preciado barco. Pero la alegría que sentía cada vez que pensaba en ella los superaba. Ella, que solo con su mirada celeste y su sencillez le daba sentido a su vida.
En algún lugar del océano, su cuerpo se sumergía en el frío eterno. Y en algún lugar de la tierra, donde el sol de verano todavía calentaba, ella esperaba su regreso.

Sindy B




Enfermidade (original)


Fai tempo que enfermei. Despois dunha longa vida o único que me queda é agardar prostrado na cama a que chegue unha cura que sei que non existe. Todo na miña vida cambiou dun xeito abafante, e xa non me sinto con forzas para intentar remedialo coa pouca axuda que teño. Nin sequera as febres da miña enfermidade me permiten manter unha temperatura constante, coma un verán en inverno. Ás veces, xa non me queda máis que chorar torrencialmente, inundando as miñas meixelas ermas. Moitos pensan que, sendo un planeta, son forte de abondo, pero eu tamén preciso axuda.


Enfermedad (castellano)


Hace tiempo que enfermé. Después de una larga vida lo único que me queda es esperar postrado en la cama a que llegue una cura que sé que no existe. Todo en mi vida ha cambiado de un modo abrumador, y ya no me siento con fuerzas para intentar remediarlo con la poca ayuda que tengo. Ni siquiera las fiebres de mi enfermedad me permiten mantener una temperatura constante, como un verano en invierno. A veces, ya no me queda más que llorar torrencialmente, inundando mis mejillas yermas. Muchos piensan que, siendo un planeta, soy fuerte de sobra, pero yo también necesito ayuda.

Rush H



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