Érase una de princesas y príncipes




Érase una vez un reino perdido en un mundo muy muy lejano. Érase una princesa cautiva en su propio castillo, acorralada por cientos de monstruos que aguardaban a las puertas de la fortaleza. Y érase un príncipe valiente y decidido que se abrió paso entre las bestias y llegó hasta el refugio de la princesa...

Un momento, esperad, esperad. No estaréis pensando que esta es la típica historia de "príncipe salva a princesa", ¿verdad? Porque no podríais estar más equivocados de ser así. Siento interrumpir la historia, pero es que antes de continuar quería dejar claras un par de cosillas.

A ver... ¿por dónde debería empezar? ¡Oh, ya! Quizá estéis acostumbrados a otro tipo de cuentos: historias de mujeres débiles que deben ser salvadas, de hombres que conquistan el amor de esas damas con una fortaleza y valentía que, por algún motivo, ellas no pueden poseer. Pero esas historias solo existen en vuestro mundo, y ahora estamos en el mío, en el que esa clase de diferencias no existen. Así que, quiero dejar bien clarito que: en nuestras historias, las princesas no necesitan que nadie las salve. Ese es el mensaje que pretendemos hacer llegar tanto a nuestras hijas como a nuestros hijos. Lo entendéis, ¿no? Bien, continuemos entonces.
 
Lo siguiente que debería hacer es presentaros a nuestra querida princesa. Ella es la primogénita, la heredera y, como tal, ha recibido una educación especial toda su vida. ¿Que qué clase de "educación especial"? Oh, bueno, pues lo típico: estrategia militar, distintos tipos de lucha cuerpo a cuerpo, uso de espadas y otras armas... Y también todas esas cosas más aburridas como la geografía y las relaciones diplomáticas. En definitiva, todo lo que debe aprender para convertirse en una reina capaz de gobernar y proteger su reino.

Así que, cuando este príncipe del que os hablaba al principio del cuento, el que pronto sería soberano del reino enemigo, invocó a las bestias que sitiaron el castillo y se encaminó al interior con intención de matar a la princesa, ella ya lo aguardaba, espada en mano y mirada desafiante. Se enzarzaron en una noble pero violenta lucha a vida o muerte, en la que se decidía el futuro de dos reinos enemistados desde mucho antes de que ambos aspirantes al trono nacieran. Al final, la princesa consiguió hundir su espada en el pecho del príncipe, arrancando de sus labios un grito de sorpresa y dolor antes de desplomarse sobre la alfombra de terciopelo. Con la muerte de su invocador, todas las bestias apostadas alrededor del castillo desaparecieron, y el pueblo entero vitoreó a la valiente princesa que los había librado de la amenaza.

Y esta es la historia de como la princesa se salvó a sí misma. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.



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Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

Comentarios

  1. Acabo - de - enamorarme - de - esta - historia!!! Su tono y su extensión son perfectos y esa intervención del narrador igual ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤

    Saludos, Rush, desde estas tierras de fantasía!! 🌟

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    1. Graciñas!!!
      ¿Recuerdas que el día que fuimos a tomar un frappé te dije que se me había ocurrido una idea? Pues era esta jajaja. Si es que los días que quedamos son los más productivos.

      ¡¡Saludos!!

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