A sombra de Compostela

¡Buenas de nuevo, "fantasiófilos"!
Como sabéis, ayer, 25 de julio, fue el día de Santiago, y no podía dejar pasar la oportunidad de publicar algo especial para celebrarlo. Galicia es tierra de meigas y leyendas y, por supesto, también circulan unas cuantas historias relacionadas con la Catedral de Santiago. Al principio pensé en traeros la historia de su origen, pero esta leyenda que, como siempre, os presento narrada a mi manera, me pareció más bonita :). La otra la dejaremos para otra ocasión.
Como persona que escribió este relatillo, os recomiendo que lo intentéis leer en gallego; se entiende perfectamente y es más especial leer una historia gallega en su propia lengua. Pero no pasa nada si no os lanzáis, que lo tenéis traducido al final.
¡¡Espero que os guste!!


 

 A sombra de Compostela

 
Cae a noite en Compostela. As rúas baléiranse e os arredores da Catedral sómense nun fráxil silencio. Non hai ninguén que perturbe a calma da escuridade, agás unha sombra nun recuncho da praza da Quintana. Agardando. Só as tebras da noite foron testemuñas da súa historia, dos misterios que permanecen ocultos tras aquela figura de peregrino que, un día, foi máis que unha sombra.

Un amor prohibido pola propia condición dos amantes, un romance que os muros da Catedral de Santiago gardaron coma un dos seus moitos tesouros, un sentimento que endexamais perecerá, sen importar os anos que teñan que transcorrer… Así é a historia deste peregrino que, en verdade, non é tal. Non, no seu día, esta sombra pertenceu a un sacerdote da Catedral coma calquera outro, só que no seu corazón gardaba un profundo segredo: estaba namorado. E a súa amada, unha monxa do convento de San Paio, correspondía a ese sentimento. Así, noite tras noite, os namorados reuníanse ao abeiro da escuridade, protexidos de miradas indiscretas, nun pasadizo que conectaba Catedral e convento. Este paso cruzaba por debaixo da escalinata da Quintana, conectando así as súas almas condenadas a estar separadas.

Ningún dos dous quería admitir que o seu era un amor sentenciado a morte, xa que os breves intres nos que podían estar xuntos eran suficientes para que ambos quixeran seguir mentíndose a si mesmos. Pero sempre chega un momento no que, irremediablemente, non se pode seguir ignorando a crúa realidade. Así que, durante unha daquelas noites fugaces, o sacerdote propúxolle á súa amada que fuxiran xuntos, ao fin e ao cabo, a perspectiva de deixalo todo para comezar a vivir era mellor que renunciar o un ao outro. Ela, por suposto, non puido máis que aceptar.

Ao día seguinte, o sacerdote vestiuse de peregrino para evitar sospeitas e, á hora do luscofusco, tal e como acordaran, saíu á praza da Quintana e alí agardou a chegada do seu amor. Porén, ela nunca apareceu.

Aínda hoxe, a sombra daquel home segue acudindo á noitiña para atoparse coa súa amada, e agarda toda a noite sabendo que ela xamais chegará, porque, a pesar de descoñecer o motivo polo que ela nunca se presentou, segue tendo a esperanza de ver o seu amor realizado algún día.



Imagen sacada de www.xacotrans.com




 
 

La sombra de Compostela

 
Cae la noche en Compostela. Las calles se vacían y los alrededores de la Catedral se sumen en un frágil silencio. No hay nadie que perturbe la calma de la oscuridad, excepto una sombra en un rincón de la plaza de la Quintana. Esperando. Solo las tinieblas de la noche fueron testigo de su historia, de los misterios que permanecen ocultos tras aquella figura de peregrino que, un día, fue más que una sombra.

Un amor prohibido por la propia condición de los amantes, un romance que los muros de la Catedral de Santiago guardaron como uno de sus muchos tesoros, un sentimiento que nunca jamás perecerá, sin importar los años que tengan que transcurrir… Así es la historia de este peregrino que, en realidad, no es tal. No, en su día, esta sombra perteneció a un sacerdote de la Catedral como cualquier otro, solo que en su corazón guardaba un profundo secreto: estaba enamorado. Y su amada, una monja del convento de San Paio, correspondía a ese sentimiento. Así, noche tras noche, los enamorados se reunían al amparo de la oscuridad, protegidos de miradas indiscretas, en un pasadizo que conectaba Catedral y convento. Este paso cruzaba bajo la escalinata de la Quintana, conectando así sus almas condenadas a estar separadas.

Ninguno de los dos quería admitir que su amor estaba sentenciado a muerte, ya que los breves instantes en los que podían estar juntos eran suficientes para que ambos quisiesen seguir mintiéndose a sí mismos. Pero siempre llega un momento en que, irremediablemente, no se puede seguir ignorando la cruel realidad. Así que, durante una de aquellas noches fugaces, el sacerdote le propuso a su amada que huyesen juntos, al fin y al cabo, la perspectiva de dejarlo todo para comenzar a vivir era mejor que renunciar el uno al otro. Ella, por supuesto, no pudo más que aceptar.

Al día siguiente, el sacerdote se vistió de peregrino para evitar sospechas y, al anochecer, tal y como acordaran, salió a la plaza de la Quintana y allí esperó la llegada de su amor. Sin embargo, ella nunca apareceió.

Todavía hoy, la sombra de aquel hombre sigue acudiendo al anochecer para encontrarse con su amada y aguarda toda la noche sabiendo que ella jamás llegará, porque, a pesar de desconocer el motivo por el que ella nunca se presentó, sigue teniendo la esperanza de ver su amor realizado algún día.
 
 
Imagen sacada de elcaminodelevanteporvalladolid.blogspot.com


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Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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