La Aurora de los lobos - Capítulo 2 (parte 2 de 3)

Capítulo 2 - Parte 1 de 3 💗

Las cocinas no eran el destino de la persona, que salió a uno de los pasillos principales y anduvo por él como si de su casa se tratase. Aurora la había tomado por una sirvienta, pero ya dudaba de si sería cualquiera de sus amigas intentando pasar desapercibida. Entonces, el cristal se oscureció y la princesa dejó de ver la vida en su añorado castillo.

—No… —susurró.

Y Aurora, dejando de lado su alta posición social y todos sus modales, bufó y se cruzó de brazos.

—No es justo —se quejó—, ya que estoy encerrada dentro de ti, ¿no podrías dejarme ver mi casa?

La persona no respondió, y el enfado de la joven tampoco disminuyó.

—Haz lo que te plazca —decidió—, encontraré mis propios medios para salir de aquí.

Entonces recordó que no estaba allí de paseo, que supuestamente debía encontrar “su cuerpo”. Y empezó a sospechar que el ser tenía razón, porque, a fin de cuentas, Aurora estaba dentro de la mente de alguien y no en la suya.

La princesa caminó sobre la superficie opaca hasta que volvió a encontrar un hueco transparente. Se asomó a él y de nuevo vio una zona del castillo, uno de los veinte patios interiores, y sentado en un banco había un joven…

—Okami… —susurró, con los ojos muy abiertos.

La persona permaneció quieta, oculta tras una columna.

—Acércate a él —le rogó Aurora, sin obtener respuesta ni resultados.

La princesa posó sus manos sobre la capa de cristal que le impedía alcanzar al joven y empezó a golpearla.

—¡Okami! —gritó esta vez.

Al cabo de unos segundos, Aurora desistió de atravesar la lámina y la contempló con ansiedad; lo tenía tan cerca y no podía tocarlo… Okami parecía igual que la última vez que la princesa lo había visto. A sus quince años, tenía los mismos ojos castaños que ella, su mismo tono anaranjado de pelo… para Aurora, su hermano pequeño era lo más querido en el mundo y aunque solo se llevasen un año, en momentos como aquel sentía que debía protegerlo y no podía hacerlo.

El cambio más notable era su expresión seria, como si algo lo hubiese hecho madurar. Aurora casi se rio al entender que quizás la “muerte” de su hermana mayor lo había afectado bastante. Pero seguía tan apuesto como siempre, con sus hermosas orejas lobunas y su expresión amable, aunque dura, en el rostro. Aquel día vestía un atuendo rojo pálido, poco llamativo, y su espada, otorgada por el mismísimo rey, colgaba de un cinturón pardo.

Un hombre se acercó a él y la persona se ocultó todavía más. Él movía los labios, pero Aurora no escuchaba nada. Por su ropa y su apariencia, la princesa supuso que sería Wirren, el mentor de Okami, pero la reacción de su hermano parecía demasiado nerviosa como para tratarse de él. Esquivaba las miradas y respondía con palabras muy cortas. El posible mentor continuó con su charla aunque a Aurora le pareció que su hermano no estaba muy cómodo. Sin embargo, la princesa tuvo la sensación de que la incomodidad de Okami no se debía solo a la presencia del hombre.

La superficie que le dejaba ver su castillo se volvió opaca, como la anterior, y Aurora se volvió a cruzar de brazos. Esta vez reprimió el bufido; ver a su hermano le había recordado su aprendizaje en el castillo. Deseosa de volver a ver a Okami, emprendió una nueva búsqueda de superficies transparentes. Dio un par de pasos en la oscuridad cuando oyó la voz de antes, melodiosa y terrorífica.

»¡Ahí viene!

Aurora dio un respingo y miró a todos lados, en guardia ante la posible aparición de alguien. Pero no vio a nadie.

—La próxima vez… ¿te importaría advertirme de algo real? —comentó Aurora, intentando tomarse la situación con humor.

»¡Joven príncipe! —exclamó una voz masculina y conocida.

Aurora examinó el extraño lugar en el que se hallaba, pero tampoco en esta ocasión vio a nadie.

»Joven príncipe, sé que no debería molestarlo, pero estos días lo he notado bastante ausente…

»¿Por qué tanta amabilidad? —lo interrumpió la voz femenina de antes.

»Joven príncipe… —continuó el hombre.

»Lo siento, Wirren, no… no era mi intención molestarte con mis tonterías…

Aurora buscó con ansiedad cualquier zona transparente en el suelo al oír la voz de su hermano.

»No, he de disculparme yo, Majestad —dijo Wirren, el mentor de Okami.

»¿Cómo que te tienes que disculpar? —interrumpió otra vez la melodiosa voz femenina, la única a la que Aurora no podía poner nombre.

»Ha sido un gran golpe para todos, en especial para usted, mi joven señor —continuó Wirren, sin darle importancia a las palabras de la mujer—. Por eso me disculpo, pero tengo la impresión de que no es solo por ella por quien está así, ¿me equivoco?

»Tal vez no… —admitió Okami.

»¡Claro que no! —se sobresaltó la mujer.

»Bien… —habló Wirren.

»¡De bien nada! —exclamó la mujer, aunque sus palabras parecían no afectar a los otros interlocutores.

Aurora estaba muy metida en la extraña conversación que oía sin ver, pero fue consciente de que el cielo enrojecía con cada nueva intervención de la mujer.

»Sus asuntos son sus asuntos —prosiguió Wirren—, pero como su mentor le aconsejo que en vez de agobiarse con ellos, trate de solucionarlos.

La princesa oyó la risa nerviosa de su hermano y reprimió una pequeña lágrima de emoción.

»Lo… intentaré —respondió Okami.

»Oh, no lo intentarás —habló la mujer—, no tienes derecho a hacerlo, ni tú ni nadie.

El cielo se volvió de un rojo sangre y el suelo empezó a temblar.

»¿Acaso te crees mejor que los demás? —preguntó la mujer—. Necesitas ver que lo que buscas no lleva a ninguna parte, que siempre se termina. Debería mostrártelo…

De la superficie opaca empezaron a elevarse finos pinchos, como los que había dejado atrás.

»¿Pero quién soy yo para mostrártelo? No me harías caso, me apartarían de ti, porque ellos tampoco lo entienden… 

La voz de la mujer se perdió en la distancia y una grieta se abrió bajo los pies de Aurora, obligándola a salir de allí. Esquivó unos cuantos pinchos y recordó lo que acababa de oír. Una conversación entre Wirren, Okami y una mujer que no conocía, aunque las palabras de la mujer no parecían influir en el desarrollo del diálogo. La princesa no tardó en relacionar las palabras con la escena que había presenciado momentos antes.

Había oído a una mujer, a Wirren y a Okami y los había visto a ellos dos, pero en la escena también había alguien más; la persona. Una persona oculta tras una columna que había espiado al príncipe y a su mentor, que no había intervenido verbalmente, pero sí tendría su propia opinión al respecto.

Aurora se detuvo y miró el lugar en el que estaba; un extraño desierto de piedra y grietas, coronado por un cielo rojizo. El infierno, según el ser, pero según Aurora, no cualquier infierno. Desde que estaba allí había escuchado a una mujer, joven o mayor, y había visto a la persona moviéndose por el castillo y presenciando una conversación del príncipe. No era descabellado relacionar a la voz con la persona, de hecho, sería bastante lógico deducir que la voz era una voz interior, pensamientos. Y si Aurora estaba dentro de una persona, de la persona, también podría escuchar su voz interior, la voz.

Sin embargo, la princesa sabía que aquel lugar no podía ser simplemente su mente, porque una mente no debería ser tan afilada y agrietada. Aquel lugar, como había dicho el ser, era el infierno, el infierno de la persona; y Aurora estaba allí atrapada. En la búsqueda de su cuerpo, había terminado en otra mente, y no una demasiado bonita.





Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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