La Aurora de los lobos - Capítulo 1 (parte 3/3)

 Cap. 1 - Parte 1 de 3
 Cap. 1 - Parte 2 de 3 

El ser asintió con lentitud. La joven se quedó sin fuerzas para replicar, o gritar o incluso desplomarse. Analizó sus manos frente a ella, más pálidas y delicadas de lo que deberían; se concentró en su cuerpo, ese que le pertenecía pero que tras la caída ya no parecía tan real. No sintió ganas de llorar, no sintió ganas de… nada.

Aurora observó al extraño joven, convencida de que él sabía lo que estaba sucediendo realmente.

—¿Estoy muerta? —dudó esta vez.

El ser, frente a su repentina vacilación, le respondió con un malicioso encogimiento de hombros. Aurora respiró hondo y mantuvo la calma.

—Entonces —dijo con sosiego—, ¿no lo estoy?

Pero el ser permaneció callado y la princesa, exasperada, se plantó ante él con dos pasos fuertes.

—¡¿Te importaría responderme, por favor?! Esto no es fácil para mí —intentó justificar su repentina brusquedad—, por eso, si al menos pudieses aclararme un poco las ideas, te lo agradecería.

El joven compuso una mueca burlona.

—¿Y de qué me serviría tu gratitud? —negó con la cabeza, disgustado—. Yo no soy nadie para manipular tus ideas, preciosa, pero sí puedo guiarte para que tú misma lo hagas.

Aurora se dispuso a responder, pero el joven se adelantó:

—¿Qué te ha hecho pensar que quizás ya no estés viva?

La princesa revivió los últimos segundos que recordaba antes de llegar a ese extraño lugar; el momento de la caída y el inevitable golpe.

—La gente no suele sobrevivir a ciertos accidentes… —confesó con pesar.

—Entonces eres inteligente —la elogió él—, porque este no es un mundo al que los vivos puedan acceder. Pero… —añadió—, los muertos tampoco suelen detenerse por aquí.

—¿Eso qué quiere decir?

La mirada del ser se iluminó de forma alarmante y alzó una mano, después la bajó con suavidad, haciendo florituras en el aire. En el poco espacio que los separaba empezaron a arremolinarse luces y destellos, que fueron conformando una imagen. Aurora dio un paso atrás al reconocer a la fantasmal joven que yacía sobre una cama. Las figuras de varias personas fueron perfilándose alrededor de la escena, con expresiones tristes y angustia contenida.

—¿Por qué me enseñas esto? —preguntó Aurora con precaución.

—¿Acaso no reconoces a la joven inconsciente? —respondió con otra pregunta.

Aurora asintió despacio.

—Se parece a… mí —dijo sin confianza.

—Porque eres tú —afirmó el ser—. Y está ocurriendo ahora mismo —añadió.

La joven, desconcertada, dijo:

—Pero no puede ser, porque yo estoy aquí.

El ser aplaudió al haber llegado por fin al punto de la conversación que le interesaba.

—Ese es el problema —explicó él—. No deberías estar aquí.

—Pero no…

Él la acalló con un gesto y señaló la fantasmal escena que los separaba.

—Tu cuerpo se encuentra en estado latente, por eso estás allí. Pero tu mente se ha perdido más lejos de lo que puedas imaginar, por eso estás aquí.

Hizo un nuevo gesto con la mano y la escena se esfumó; Aurora intentó rozarla, pero solo tocó vacío. El joven, que hasta el momento se había mostrado malvado y divertido, se volvió frío y amenazador.

—Este es mi territorio —dijo con sequedad—, y ahora tú estás en él.

Aurora dio un paso atrás, atemorizada.

—Por suerte para ti —continuó él—, tenemos un objetivo común y es que te vayas de aquí. ¿No es cierto?

La joven no lo negó, pero tampoco le dio la razón. El ser no estaba para tonterías y recalcó:

—Este lugar me pertenece, así que no vengas con jueguecitos porque no sacarás nada bueno de ellos —respiró hondo y trató de adoptar una expresión que no asustase tanto a la princesa—. Hay dos formas de salir de aquí, pero solo una que te lleve de vuelta a tu mundo. A mí poco me importa con tal de perderte de vista, pero como creo que tú sí tienes tus preferencias, podemos llegar a un… acuerdo.

Aurora escuchaba, consciente de que esos momentos eran cruciales para su futuro.

—¿Un acuerdo?

—Un pacto —matizó él—. Yo te indico cómo salir de aquí tú solita y tú te encargas de irte y no volver.

—Podrías estar engañándome —se atrevió a decir Aurora.

—Sí —afirmó él—, pero ya te he dicho que no me serviría de mucho. Además —agregó—, en tu situación no tienes mucho para elegir.

La suavidad de su tono alertó a la joven.

—Mi situación ―se estremeció con sus propias palabras.

El ser se acarició uno de los oscuros mechones de su cabello.

—Tu cuerpo no aguantará demasiado tiempo separado de tu conciencia, así que en vez de entretenerte conmigo, tal vez deberías plantearte en serio regresar.

Aurora lo meditó unos segundos.

—¿Y me dirás lo que necesito solo a cambio de que me vaya?

—¿Te parece poco? —se rio él—. Puede que en el tiempo que pases aquí comprendas lo desesperantes que pueden llegar a ser las mentes humanas.

Le tendió la mano derecha.

—Entonces… ¿hay trato?

Aurora tragó saliva y tomó una decisión que tal vez le salvase la vida o que tal vez era el mayor error que había cometido nunca.

—Sí, lo hay —y le estrechó la mano.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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