26 de diciembre de 2016

La Aurora de los Lobos - Capítulo 1 (parte 2/3)


Pasado un tiempo, la respiración de Aurora seguía siendo irregular. El ser se percató de que no eran jadeos, sino sollozos. Dando un paso al frente, le tendió una mano para ayudarla a levantarse. La joven alzó la vista y lo miró fijamente, con los ojos anegados en lágrimas y expresión asustada, antes de apartarse bruscamente y seguir llorando, encogida sobre sí misma. El hombre suspiró con cansancio y dejó los ojos en blanco.


—¿Vas a seguir así mucho rato? —se hartó.

—¿Qué? —Aurora se volvió para mirarlo, molesta—. ¿Cómo puedes ser considerado y, un instante después, desagradable?

El joven lanzó una carcajada.

—¿Así que la princesita se nos irrita?

Aurora le dirigió una mirada de odio, lo que provocó la burla de aquel ser.

—Tranquila, preciosa, no hace falta sacar las uñas.

Enfadada, la muchacha se puso en pie y comenzó a alejarse con paso firme, dignamente, de él.

—¿Se puede saber adónde vas? —preguntó con tono aburrido.

—Me voy a casa —le respondió, altanera.

—Me parece perfecto. Solo tengo una duda; ¿cómo piensas hacerlo?

Su tono sarcástico hizo que vacilara, pero siguió caminando.

—Ya encontraré el modo —y, en voz baja, añadió—: espero.

Aurora caminó recto y empezó a contar los pasos. Cuando llegó al número doscientos, alzó la cabeza y se encontró con la interminable oscuridad que intentaba dejar atrás. Respiró hondo para no desesperarse y continuó su trayecto, con una creciente inquietud en el pecho. Su paso firme se transformó en una carrera infinita. El silencio era su único compañero, porque el ser que la seguía no podía considerarse como tal. Solo el sonido del vestido al deslizarse por aquella extraña superficie, mezclado con sus pasos, rompía la calma.

La joven se detuvo en seco y corrió en otra dirección, pero tomase la dirección que tomase, su suerte no iba a cambiar. Aquel lugar era demasiado abstracto como para orientarse o encontrar algo que no fuese oscuridad. Exhaló un leve suspiro y se llevó las manos al corazón.

—No puede ser… —susurró después de haberse detenido.

—Vaya… —la sobresaltó él—, parece que es inútil.

Aurora permaneció de pie, firme pero rota por dentro, sin intención de dedicarle ni una mirada al joven de ojos oscuros y cabello negro. Él se acercó con suavidad y posó sus manos sobre los hombros de la princesa.

—Este lugar… no se parece a nada que hayas visto antes —dijo despacio, y le susurró al oído—: ¿Por qué crees que será?

La joven tragó saliva, pero ya no huyó.

—Vamos, no seas tímida —la invitó al separarse de ella—, ¿por qué nada aquí se parece a tu mundo?

Aurora empezó a comprender.

—Porque ya no estamos en mi mundo… —dijo sin convicción.

Sin embargo, la sonrisa satisfecha de él le hizo temer la veracidad de sus propias palabras. Lo miró con grandes dudas y ojos brillantes por las lágrimas.

—No… —se giró hacia él, suplicante—. Por favor… no…

No fue capaz de continuar.

—Aunque me lo pidas así… Yo no puedo devolverte a tu mundo —dijo con fingido pesar—. Al menos no tan fácilmente…

La princesa le clavó una intensa mirada.

—¿Entonces puedes?

Él levantó una ceja, complacido.

—Pero tal vez no debas volver…

—¡Claro que sí! —se molestó.

El joven suspiró.

—¿Acaso sabes por qué estás aquí? —preguntó con impaciencia―. O más bien… —continuó con una sonrisa maliciosa—… ¿por qué no estás allí?

Aurora desvió la mirada hacia la inmensa negrura que la rodeaba.

―¿Por qué no estoy allí…? —se preguntó más a sí misma que al joven.

Él se rio a carcajadas, pero Aurora no le prestaba atención; estaba perdida en un vago recuerdo, sumida en una melodía de trompetas… que precedía a un efímero pero intenso impacto. Aurora tardó un poco en abrir la boca:

―Estoy… ―comenzó a decir y alzó la cabeza― ...muerta.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...
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