El abominable

¡Muy buenas, fantasiófilos!
Sí, acabo de inventarme una palabra, pero es que no hay otra forma mejor de describir a seres como nosotros, que amamos la fantasía sobre todas las cosas :D. Y volviendo a la entrada, creo que lo mejor, en primer lugar, es pedir perdón por tardar en publicar, pero esto tiene su explicación. La semana pasada, Sindy y yo fuimos de excursión a Andorra para aprender a esquiar :). Además, una excursión como esta es mucho mejor si tenemos en cuenta que en el lugar donde vivimos no nieva nunca (antes nevaría en el infierno, estoy segura). La verdad es que la experiencia, a pesar de ciertos percances, fue genial, y si no he escrito la entrada antes es porque llegué a casa completamente reventada.
Pero ya me encuentro con mucha más energía, y he decidido aprovechar la excursión a Andorra y las nevadas que están ocurriendo estos días por España para escribir un relatillo especial. ¡¡Espero que os guste!!


Imagen sacada de adn40



Cuesta creer que, perdido en aquella tormenta de nieve, pudiese haber algo que me helase la sangre más allá del puro frío de la montaña, y que fuese una simple silueta casi invisible entre la ventisca. Yo tampoco era capaz de razonar en aquel momento, paralizado como estaba. Había olvidado el frío, la nieve que me rodeaba y el lugar donde me hallaba, incluso mi propio nombre y cómo mover mis músculos para huir de allí. Solo podía observar la sombra que me devolvía la mirada, una figura amorfa y grotesca en el lugar más inhóspito del planeta, mientras yo intentaba engañarme a mí mismo: aquello era absurdo, me decía; era imposible que hubiese otro ser humano en aquella montaña perdida de la mano de Dios.

“A no ser que eso no sea humano”.

Un rugido gutural que hizo temblar la montaña me dio la razón; aquello, definitivamente, no era humano. De pronto, después de que un escalofrío recorriese mi espalda, todos mis nervios se pusieron alerta y al fin pude reaccionar. Salí corriendo como pude, con los pies hundiéndose cada vez más en la nieve y los ojos entornados por el viento que venía de frente y me frenaba, sabiendo que aquel ser iría tras de mí. Por primera vez en mi vida, tuve la certeza inconfundible de que iba a morir.
Imagen sacada de 44news

 
Un paso en falso y, cuando quise darme cuenta, había caído y rodado varios metros cuesta abajo hasta aterrizar sobre mi costado. Sentía un dolor punzante en el tobillo y la vista se me había nublado. Cada vez estaba más lejos de mi propio cuerpo, pero todavía luchaba por mantener los ojos abiertos, quizá por una vana esperanza de lograr salir con vida de aquel lugar.
 
La sombra gigantesca de aquel ser a mi lado fue lo último que pude ver antes de perder la consciencia.



 
 
 
 
Cuando desperté solo podía percibir el frío que atenazaba mis músculos y me llegaba hasta los huesos. Me sentía flotar, suspendido en la nada más absoluta.

Y estaba solo.

No era de extrañar; al fin y al cabo, siempre lo había estado. Con una punzada de dolor, regresaron los recuerdos de los últimos meses, los de cómo todos mis seres queridos me habían dado la espalda. Ya no me quedaba nadie; no podía confiar en nadie. La única persona con la que había podido contar había sido Violeta, pero incluso ella se había ido, dejándome el amargo sabor de la mentira en la boca. ¿Y todo por qué? Quizá la culpa había sido mía, por ser tan ingenuo como para tener fe en las personas, porque todas ellas mienten y decepcionan, preocupándose solo de seguir con su falsa existencia sin importar cuántas vidas quiebren en el intento. Yo había querido negarme, desaparecer dejando todo el dolor atrás, y mis pasos habían acabado por conducirme directamente al corazón del Himalaya. Y lo único que había conseguido con ello había sido perderme a mí mismo en aquella soledad, precipitándome sin remedio a la oscuridad más fría que había sentido nunca.

La calidez de una lágrima corriendo por mi rostro me hizo abrir los ojos y toda sensación de estar flotando se desvaneció en un instante. De hecho, fui súbitamente consciente de que me encontraba tumbado sobre una superficie dura como el hielo. Solo había roca a mi alrededor, y un intenso olor a humedad que impregnaba el ambiente. El eco de la caverna traía a mis oídos el sonido de gotas precipitándose al vacío, además de un extraño rumor, cadencioso y ronco, que provenía de las profundidades de la roca y que no conseguía identificar con nada que conociese. Intenté girarme sobre el suelo, intrigado e ignorando el dolor de cabeza que me atenazaba, y recorrí el espacio con la mirada hasta que mis ojos se detuvieron en una figura blanquecina, estática a unos metros de distancia. El corazón me dio un vuelco y mi respiración se agitó cuando reconocí al extraño ser que había visto en medio de la nieve. Desde donde me hallaba podía distinguir que tenía el cuerpo cubierto de un pelaje lechoso que se desparramaba en sucias greñas. Era enorme; mediría más del doble de mi tamaño. Estaba claro que todo parecido con un ser humano había sido producto de la fuerte ventisca.

Me fijé en el rítmico movimiento de sus hombros, que acompañaba su respiración pausada y ronca. Estaba dormido, y eso solo significaba que había llegado mi oportunidad para escapar, probablemente la única que tendría.
Imagen sacada de peru21

 
Intenté calmarme mientras me arrastraba, caminando con dificultad a cuatro patas sobre la roca fría y sin perder de vista la bestia de nieve que tenía ante mí. Cuando estaba cerca de la entrada de la cueva decidí ponerme en pie y salir corriendo, pero una punzada de dolor en el tobillo que me había herido en la nieve me hizo caer. Ahogué un grito, y aquel sonido quedo, amplificado por el eco de la caverna, fue suficiente para despertar al monstruo.

 
Despegó los párpados, dejando a la vista unos imponentes ojos de hielo, y movió su voluminoso cuerpo hacia mí, como si fuese una descomunal avalancha de nieve. Quise huir, gritar, esconderme, pero ya no era dueño de mi ser y lo único que pude hacer fue quedarme donde estaba, temblando de miedo, con la vista fija en los ojos de la bestia. Y lo que vi en ellos me heló la sangre.

No vi el rostro de la muerte, como había esperado. Me vi a mí mismo, reflejado en las facciones del ser, como si se tratase de un espejo que distorsionase la realidad de forma grotesca, pero un espejo al fin y al cabo. No me miraba con odio, sino con preocupación, o lo que la bestia entendiese por preocupación. Y, detrás de toda esa imponente fachada, incomprensión, dolor, soledad. Yo.

Mi miedo se esfumó sin que me percatase, delante del ser que ahora veía como a un igual, sabiendo que había estado vagando solo, como yo, y que había sido abandonado y despreciado, como yo.

Es curioso cómo el alma de un abominable hombre de las nieves puede ser mucho más hermosa que la falsa superficie de la pérfida humanidad.



Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

Comentarios

  1. ¡Hola! MA - RA - VI - LLO - SO. Me encantan tus descripciones, tengo que aprender de ellas. Y esa última frase me ha recordado a mí misma escribiendo el lunes de la semana pasada en el autobús jajaja. En mi defensa diré que ya he recuperado la fe en la humanidad, aunque mi fe en el abominable hombre de las nieves sea mayor después de haber leído este magnífico relato.
    La espera ha valido la pena ^^.
    Sigue escribiendo así siempre ~

    Besos y un saludo desde las estrellas!!

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