Tormenta

“¡Oh, tormenta! ¡Oh, tempestad oscura que amenazas nuestros corazones! A veces tus rayos, tu penumbra, tu maldad, atraen a los débiles humanos. A veces ellos se dejan embaucar porque es más fácil que tu desesperación los arrastre antes que afrontar lo que los preocupa. ¡Oh, bella oscuridad! Te diré algo, no eres tan hermosa como supones, no eres tan deseada y no podrás tenerme entre tus garras. Porque yo conozco el secreto de tu encanto. No eres nada tormenta y no te dejaré serlo. No seré tu prisionero durante más tiempo, me atreveré a desafiarte por fin y venceré porque tu poder reside en mi desesperación, nada más. Quieres que crea que eres poderosa, superior a mí, cuando en realidad ¡soy yo el causante de tan terrible y atrayente perdición! Pero ya está, digo basta. ¡Basta! ¿Me escuchas? ¿Ves cómo te desvaneces? Yo te pongo fin, tempestad de mi propio ser. Impediré que resurjas porque soy más fuerte de lo que crees y no volveré a sucumbir a la desesperación. Cuando crea que no pued...