Parte 4/4: "Ira y soledad"

¡Muy buenas, lectores!
Antes de ir con la última parte de estas reflexiones, voy a decir un par de cosillas. En primer lugar, como muchos no sabréis de qué reflexiones os estoy hablando, aquí os dejo los enlaces a las tres primeras partes:


Estas reflexiones, aunque sean un poco tétricas, tuvieron su origen en algo que me pasó en la Navidad de 2015 (no os asustéis, ya no estoy molesta ;)). Seguramente os estaréis preguntando por qué he tardado tanto en publicar esta última parte. La respuesta es muy sencilla, y es que lo he ido dejando y dejando hasta ahora. A pesar de todo, nunca me he olvidado de escribirlo; llevo desde entonces con la idea en mente, porque, aunque haya pasado mucho tiempo y ya no sienta lo que sentí entonces, sí lo recuerdo perfectamente.
Intentaré poner pronto una imagen en la primera parte, "Dolor", que es la única que no tiene. Si encuentro alguna que me guste, la pondré hoy mismo.
Y, por último, un consejito: si alguna vez sentís una emoción muy intensa que parece no caber dentro de vosotros (y que, por suerte, no tiene por qué ser algo malo como lo que sentí yo) una buena forma de aceptarlo, o de ordenar vuestros pensamientos, o de tranquilizaros, o de lo que queráis, es escribir sobre ello, como estoy haciendo yo. Porque las palabras, al fin y al cabo, pueden ser tanto la causa como la cura de todas las enfermedades del alma.

Y, ahora sí:

Parte 4/4: "Ira y soledad"


Estábamos en el camino de regreso, pero ya era demasiado tarde para mí. Miraba por la ventanilla trasera del coche, ignorando las conversaciones que se desarrollaban a mi alrededor, sumida en un oscuro pozo de nada.
Me sentía aturdida, como si todo aquello no fuese más que un mal sueño del que no era capaz de despertar. Tenía la mirada perdida y los labios sellados, pero eso no impedía que mi mente siguiese revoloteando sobre el amargo recuerdo de aquellas cuatro palabras. Reviví aquel instante, una y otra vez, hasta que de aquel pozo oscuro en el que me hallaba comenzó a surgir algo, que no era ni indiferencia ni oscuridad. Me invadió como una oleada de fuego, que recorrió cada vena de mi cuerpo en menos de un segundo y que me hizo hervir la sangre. Era una ira llameante que me invadió sin previo aviso, tan intensa que intentar retenerla era como desencadenar una sangrienta lucha en mi interior. Apreté los puños, clavándome las uñas en las palmas de mis manos. ¿Cómo era posible que hablasen animadamente, sin ser conscientes de lo que sentía? ¿Cómo era posible que no hubieran sabido lo importante que era para mí?
Sentía mi alma arder, consumirse lentamente con las violentas llamas, quemarse más y más con cada segundo que pasaba. Y lo único que podía hacer era rendirme a la ira.
Entonces lo vi claro: solo había sabido sentir el calor del fuego, pasando por alto su luz, que, sin percatarme de ello, había eliminado las sombras del pozo oscuro. Y en la luz comprendí que no estaba sola, que nunca lo había estado. Porque durante las horas que había durado aquella espiral de sentimientos, había una sola persona en todo el mundo que me había comprendido y que había sentido también el torbellino de dolor que me había embargado. Solo una persona, pero fue más que suficiente para apaciguar las llamas que lamían mi alma que, aunque tardaron en extinguirse por completo, sí desaparecieron lo suficiente para que su calor no fuese nada en comparación con su luz.
¿Qué es la soledad?
Es aquello que sientes cuando
la ira te impide ver que
hay gente a tu lado
.
Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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