Reincarnation

A Santi, 
por un viaje de extrañas reflexiones.


Humanos. Nacen, viven y mueren. ¡Qué seres tan inferiores! Puede que ellos no se percaten de su triste existencia. De hecho, es bastante probable que así sea, ya que, de conocer la verdad, habrían intentado hacer algo al respecto. O al menos eso habría hecho yo, aunque un humano normal y corriente no pueda compararse con alguien como yo.

A estas alturas os estaréis preguntando quién soy. Pues bien, soy todo aquello que fluye por cada ínfima parte del planeta. En cada célula de cada ser vivo, en cada roca, en cada gota de agua, en cada ráfaga de viento. A lo largo de la historia, muchos me han llamado Dios, Energía, Naturaleza. Pero la mayoría de los seres humanos coinciden en llamarme Vida.
Al principio de los tiempos, me limitaba a fluir, al tiempo que los seres que creaba. Sus vidas armonizaban conmigo y yo con ellos, viviendo en paz durante milenios. Cuando una vida acababa, el ser regresaba a la tierra de la que partía, y de él resurgía un ser completamente diferente. Una existencia tocaba a su fin y otra abría sus ojos al mundo.
Pero esto fue antes de que aparecieran los primeros hombres. Ellos armonizaron también conmigo en un inicio, pero no tardaron en darme la espalda. La vida es un ciclo, infinito y armónico, pero ellos se empeñaron en cambiarlo a su antojo. Cada vida nace con un sino; cada ser nace con un fin. Los humanos no respetaron el destino de la vida, y decidieron poner fin a existencias que todavía no estaban preparadas para morir. Fue aquello lo que trajo el desequilibrio.
No pude controlarlo. Esos seres a los que había creado se estaban alejando de mí, estaban actuando por su cuenta, rompiendo el ciclo natural. Me percaté de ello cuando ya era tarde. Gran parte de la vida se había perdido. El mundo se volvía por momentos más gris, más muerto; y yo moría con él.
No entendía como un ente superior como yo estaba desapareciendo a causa de mis propias creaciones, que insistían en destruir la Vida, aunque ellos morirían también. A cada instante notaba dolor, sufrimiento, agonía. Debía hacer algo; haría que los humanos pagasen por sus faltas.
Eran como una plaga, cada vez había más y más humanos. Y el ciclo se destruía a mayor velocidad. Tenía que protegerlo, y decidí atrapar a los humanos dentro de su propio ciclo. Su existencia sería constante, se repetiría y no tendría fin, ya que, al llegar la hora de morir, renacerían. Como el agua, que se evapora para volver a la tierra, siempre la misma, aunque en distintas formas. Los humanos morirían y volverían a ser los mismos, sin poder recordar nada de su vida pasada. Sería como una reencarnación. Así, yo los mantendría enjaulados, dentro de su propio ciclo. Ellos mismos lo repetirían sin ser conscientes, y poco a poco perderían su capacidad de razonar, no se plantearían por qué hacían lo que hacían. Esto los haría manejables, y me permitiría volver a acercarlos al ciclo natural. Pero eso era lo que creía.
Lunes… Martes… Miércoles… Los días se sucedían como una retahíla interminable. Las semanas eran iguales. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes… y así toda la vida. Todo se repetía como un ciclo sin fin. Era aburrido.
El tictac del reloj de pared sonaba incesantemente, sumiendo lentamente a Rita en un profundo sopor. El profesor de matemáticas explicaba, pero ella no era capaz de prestar atención. Estaba distraída, cansada.
Los minutos transcurrieron a paso de tortuga, como todos los lunes a última hora de la mañana. Solo el estridente sonido del timbre del instituto consiguió devolverla a la realidad.
Recogió velozmente sus libros y salió de clase. Cogió el autobús, como siempre, y se sentó en el mismo asiento que de costumbre. Otro lunes más había terminado, exactamente igual que todos los anteriores.
Caminaba por la calle cabizbaja, pensando en todo y en nada al mismo tiempo. Era un día soleado, un lunes soleado. Como si el tiempo quisiese burlarse de todos nosotros por no poder salir de casa en toda la tarde.
Una sombra surgió en el suelo ante ella. Rita alzó la mirada al cielo, donde una paloma sobrevolaba la calle. ¡Qué envidia! La paloma era libre, podía volar a cualquier parte con solo batir sus alas. Rita, sin embargo, se sentía encadenada, atada al suelo. Y el peso de su mochila no la ayudaba a pensar lo contrario.
Deseaba tener alas, poder volar, alejarse de aquella rutina agobiante. Ser libre por fin.
Llegó a su edificio y llamó al ascensor, con una creciente sensación de déjà vu. Abrió la puerta de su piso y, como de costumbre, no había nadie en casa. No podía soportarlo más, siempre lo mismo. Estaba harta.
Arrojó la mochila al suelo y salió al balcón para tomar un poco de aire. Aquella brisa consiguió que se sintiera mejor. Era casi como volar. Casi era libre.
Casi…
Como en un sueño, dio un paso al frente, despacio, como si flotase. No era consciente de lo que estaba haciendo, solo siguió adelante. Un paso más, cada vez más cerca de su libertad. Otro paso, rompería las cadenas, rompería el ciclo.
Con ligereza, se subió a la barandilla. El viento le agitó los cabellos. Era una sensación mágica, pero no era suficiente. Con una leve sonrisa, se dejó llevar a través del vacío.
El destino se cobra de nuevo una vida, que debe volver a nacer.
Según el ciclo individual del ser humano, Rita debía volver como ella misma, sin poder recordar nada. Con otro nombre, otra familia, otra historia… Pero ella quiso morir en armonía con la Vida, conmigo. Eso es lo que marca la excepción.
Rita sintió el viento en cada fibra de su ser. Despeinaba sus cabellos, rozaba su piel, acariciaba sus alas… Sobrevolaba un espeso bosque, salvaje y hermoso. Sentía la Vida a su alrededor y dentro de ella. No, se sentía parte de ella.
Batía sus enormes alas de plumas blancas por un cielo inmensamente azul, sin preocupaciones ni un destino fijo. Solo estaba ella, un ángel blanco, en armonía con la Vida.


Para siempre…


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

Comentarios

  1. Creo que de todas las historias que has escrito hasta ahora en el blog, esta es la que más me ha gustado. No es solo una historia, sino que te lleva reflexionar. Esa interpretación de la Naturaleza o Dios con la Vida me ha sorprendido mucho, y lo mejor es que la historia empieza y termina en esos párrafos sin necesidad de añadir nada más. Todo queda claro, no hay más que decir.
    Así que, igual que tú me has sorprendido (en el mejor de los sentidos), intentaré hacer yo lo mismo contigo en mi próxima historia.

    Un saludo!!

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