... desgarra la noche y rompe la tierra

¡Hola de nuevo, queridísimos lectores! ¿Recordáis la historia que os traje la semana pasada, el mito de Susanoo? Pues bien, hoy me he decidido a escribir la segunda parte, sobre su exilio en el mundo de los humanos. Espero que os guste :).




El rayo se había extinguido, apagado por la ira de ochocientos dioses.
Su último estruendo se había perdido en el reino de los mortales.



De pronto me encontraba en el mundo que había sido arrasado por tantas de mis tormentas, por cada arrebato de ira que había sentido. Mi pecado: traer la oscuridad, apartando por siempre la luz de Amaterasu. Y mi castigo había sido el exilio, condenado a vagar por siempre entre los mortales.

La tierra se había sumido en penumbra, y entre la oscuridad pude ver decenas de pequeñas casas, viejas y semiderruidas. Una triste aldea azotada por un gran mal. Pero en aquel entonces no me importó; lo único a lo que presté atención fue el dolor y la rabia que me consumían. Tal era mi desconsuelo que tardé en escuchar los llantos de los mortales en algún rincón del lugar. Me volví y miré a mi alrededor, enfurecido; aquellos banales lamentos parecían burlarse de lo que sentía, mucho más profundo que cualquier pena del mundo terrenal.

Eran tres personas las que lloraban: un matrimonio de ancianos, y una joven que ocultaba su rostro entre las manos mientras sus hombros se convulsionaban en sollozos. No lo dudé, y con un suspiro airado me acerqué a ellos, de mal humor.

― ¿Se puede saber por qué lloráis?

Los dos ancianos me miraron, intimidados por el tono de mi voz. Fue entonces cuando me percaté de que, detrás de sus rostros repletos de arrugas y sus cabellos teñidos de blanco perlado, eran más jóvenes de lo que parecían. El hombre vaciló, pero acabó por responderme con una voz un tanto temblorosa.

― Toda la región de Izumo, que ocupa más de lo que abarca la vista, está bajo el control de una terrible bestia, que llamamos “Yamata-no-Orochi”.

Estaba a punto de irme, aburrido por la historia de aquel hombre y la expresión de terror que ponía al mirarme, cuando su mujer me detuvo.

― Disculpe ― me llamó―, ¿es usted el héroe que salvará a Izumo del monstruo?

Paseó significativamente su mirada por mi armadura y mi espada mientras hablaba. Me dieron ganas de poner los ojos en blanco, pero me contuve.

― ¿Y por qué habría de salvaros? ― Pregunté, con una voz desgarradora y carente de emoción.

― Por favor… ― suplicó el hombre― . Si no lo hace, nuestra hija morirá.

La joven, que se había mantenido en silencio, alzó el rostro de sus manos para mirarme. Tenía los ojos anegados en lágrimas y una expresión repleta de miedo y tristeza, pero, a pesar de todo, era lo más bello que había visto en mi vida, más hermoso que cualquier tesoro del reino divino del que había sido expulsado. Un instante bastó para que aquellos ojos tímidos cautivaran mi espíritu y todo mi ser. Por primera vez en mi vida, sentí que la tempestad que me ahogaba por dentro se calmaba, dejando a la luz cosas que no había sentido nunca y que jamás había creído que alguien como yo, siempre repudiado y controlado por la ira, pudiese sentir. Me olvidé de todo y, por un breve y mágico segundo, me dejé llevar por aquel mar de calma que tan desconocido me era.

A pesar de todo, me repuse en un instante, y las palabras que el hombre me estaba diciendo volvieron a tomar sentido en mi mente.

― … teníamos ocho hijas, pero Yamata-no-Orochi las devoró una a una cada año, y ahora solo nos queda nuestra hija menor, Kushinada. Y ahora el monstruo viene a buscarla. Por eso estamos llorando así ― explicó.

“Kushinada-hime*1…”, pensé. No pude evitarlo; lo que antes me era indiferente, en aquel instante había adquirido una extraña importancia para mí.

― ¿Qué forma tiene Yamata-no-Orochi? ― Pregunté.

― Tiene forma de un poderoso dragón. Sus ojos son rojos como alquequenjes*2, y tiene un cuerpo con ocho cabezas y ocho colas. Su tamaño llega a ocupar ocho valles y ocho colinas. Su panza siempre está inflamada y cubierta con sangre ― dijo el hombre.

Reflexioné unos instantes, ante la atenta mirada de los tres desconsolados habitantes de Izumo.

― Bien, os voy a ayudar ― accedí. Antes de que pudiesen agradecerme, maticé― : Pero a cambio de una cosa: ¿Me dejarán casarme con su hija si la salvo?

Los dos ancianos soltaron una exclamación y la bella Kushinada me miró con extrañado horror. Fingí no darme cuenta y aguardé una respuesta.

― Está bien. Pero, por favor, salva a nuestra pequeña ― rogó el anciano, cabizbajo.

El rumor de que un héroe había llegado a Izumo para librar a la región de la bestia se extendió como el estruendo de la tormenta en el mar. En muy poco tiempo tuve a mi disposición decenas de personas dispuestas a ayudarme en lo que hiciera falta. Así, ordené a la población que preparase una gran cantidad del mejor y más potente sake*3, y que lo vertiesen en ocho cubas colosales. Después, mandó construir una enorme empalizada con ocho puertas gigantescas, y que detrás de cada una de ellas pusieran una de las cubas de sake.

Mientras los aldeanos se esmeraban en cumplir con lo que había mandado, me volví para mirar a Kushinada, que se había detenido a mi lado. Una idea rondaba mi mente.

― Dime, ¿confías en mí? ― Le pregunté.

― ¿Acaso tengo otra opción?

― Siempre hay otra opción.

― Sí, la muerte ― murmuró, más para sí misma que para mí. Alzó la mirada y la clavó en mis ojos, que, por una vez en cientos de años, irradiaban sinceridad. Y ella también lo notó― . Confío en ti.

Asentí y cogí aire, alzando solemnemente los brazos, que comenzaron a resplandecer con la magia de un dios. Kushinada abrió mucho los ojos, pero no pudo decir ni una palabra antes de que mi poder la transformara en un peine.

― Lo siento, pero es la mejor forma de protegerte ― le susurré, sabiendo que sería capaz de oírme.

Escondí el delicado peine entre mis cabellos y, una vez estuvo todo listo, llamé a Yamata-no-Orochi desde la cima de la empalizada.

La bestia no tardó en acudir a mi llamada, y pude comprobar que todo lo que me habían dicho los padres de Kushinada era terriblemente cierto, desde su descomunal tamaño hasta sus ocho cabezas.
Imagen sacada de Wallpaper Abyss

Desenvainé mi espada y la lucha comenzó. Supongo que cualquier mortal habría perecido contra aquel monstruo, pero yo no. Yo soy un dios, y ningún ser, por terrible que sea, podrá vencerme. Me defendí, sin embargo, como si fuese un humano; no quería hacer alarde de mis poderes celestiales delante de toda la región. Por eso agradecí que el tentador aroma del sake no tardase en embaucar al dragón, que metió cada una de sus cabezas por las ocho puertas y bebió ávidamente de las cubas. En un instante, Yamata-no-Orochi estaba tan ebrio que se desplomó sobre el suelo y, una a una, corté sus ocho cabezas con mi espada. Sin embargo, cuando quise cortar la última, el filo se quebró al chocar contra otro metal, mucho más poderoso. Así fue como encontré a Kusanagi, una espada que se convertiría en leyenda.

Izumo estaba de nuevo a salvo. Había terminado la era en la que Yamata-no-Orochi amedrentaba a la población, para dar paso a una nueva etapa, una etapa de paz en la que el mismísimo Susanoo se asentaría en Izumo para comenzar su vida al lado de Kushinada. Y, por fin, después de tantos centenares de años, conocería lo que la verdadera felicidad y el verdadero amor significan. Y, como fruto de ese amor, se nos bendijo con una preciosa criatura… Pero esa es otra historia, y no me corresponde a mí contarla.

Solo había una cosa más que debía hacer: devolver al mundo la luz del sol que yo mismo había robado. Así, ofrecí la poderosa espada Kusanagi a mi hermana, Amaterasu, con la esperanza de que pudiese perdonarme algún día y su radiante sonrisa volviese a desterrar las sombras de hasta el más oscuro abismo.




*1: En japonés, "hime" significa "princesa".
*2: El arquequenje es el fruto de la planta que lleva el mismo nombre. Es de color encarnado y tiene el tamaño de un guisante.
*3: El sake es una bebida alcohólica muy típica en Japón.



Si queréis descubrir más y leer las historia convencional de la que os he escrito, aquí os dejo los enlaces de las páginas que usé como documentación:

Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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