Sindy y Rush - Capítulo 3 (parte 4/4)

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Inspiradas en las armaduras de los caballeros de los cuentos, y tras varios intentos, conseguimos unas vestimentas dignas de una batalla épica (bueno, mi magia ayudó un poco más que la de Rush). Cada pieza adquirió un significado propio: el casco de la justicia, el yelmo de la salvación, la cota de malla de la esperanza, los guanteletes de la habilidad, el escudo de la fortaleza y la espada de la victoria. Se notaba que teníamos tiempo... 

Estábamos listas.

Atardecía cuando llegamos de nuevo a la entrada de la floristería. No hubo últimas palabras, solo nuestra determinación. Abrimos la puerta desde la distancia y cuando nuestras miradas se cruzaron, corrimos hacia nuestro destino.

Vencimos, como no podía ser de otra forma. Las dos arañas gigantes cayeron ante el poder de nuestras espadas (y de algún hechizo más) y alguna arañita pequeña salió huyendo para no volver.

Esperamos al día siguiente para terminar la limpieza del local; también teníamos vida de la que ocuparnos en el Mundo Tradicional. Que la vegetación mágica no hubiese crecido en la trastienda y en el sótano nos ahorró bastante trabajo. Aún teníamos que comprar plantas y semillas antes de abrir la tienda al público; en teoría, a partir de ahí, no sería necesario comprar más plantas, sino que nosotras mismas podríamos producirlas.

Una de las armaduras la expusimos en el escaparate, como advertencia a los monstruos que quisiesen entrar. La otra la colocamos como estantería, ¿no es una idea maravillosa? La trastienda era bastante grande, con macetas y recipientes todavía más grandes para guardar las plantas en un futuro. El sótano no era tenebroso, de hecho había varias pinturas hechas a mano sobre las paredes, lo que nos dio la idea de pintar nosotras mismas la tienda.

Las pinturas de aquella estancia eran muy sencillas, pero hubo una que me cautivó con su belleza. Representaba un árbol de trazos negros y ondulados; decidí que aquel árbol tenía que representar a nuestra floristería. Además, no se trataba de un árbol reconocible, sino uno único, con un tronco esbelto y unas ramas que pretendían abarcarlo todo.

Pintamos las paredes de la tienda con colores vivos y formas de flores y hojas sencillas, simple pero bonito. Encargamos las estanterías restantes, los objetos que nos habían recomendado en el Club de Botánica y nuestras primeras semillas. No necesitamos hacernos con libros de botánica porque habíamos encontrado muchos en el sótano. Estaban muy bien cuidados, ordenados y eran muy completos también.

Me producía algo de reparo pensar que habían pertenecido a las anteriores dueñas, aquellas brujas por las que el local se consideraba maldito. Pero ni a mí ni a Rush nos importaba lo que se dijese sobre ellas, nosotras borraríamos la mala imagen de la botánica. Y para ello nos fuimos llevando los libros para casa y así poder hojearlos y aprender lo fundamental de nuestro nuevo oficio.

Fue en uno de esos libros donde por primera vez vi la palabra que marcaría nuestro futuro como brujas; la “ramitatosis”. Y aunque fuese una anotación de una peligrosa bruja, lo que se decía sobre ese término lo parecía todavía más.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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