Sindy y Rush - Capítulo 2 (parte 2/2)

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Salimos al exterior e inspiré profundamente, llenando mis pulmones de aire fresco. El sol brillaba en un intenso cielo azul; era un hermoso día para convertirse en empresarias. No podía negar que aquel hecho me había puesto de un humor empalagosamente bueno.

―Bueno, hora de abrir el negocio ―exclamé con una sonrisa de oreja a oreja, que Sindy me devolvió inmediatamente.

―Sí, pero Rush… ―comenzó con una mirada pícara, levantando las cejas.

―¿Sí?

―...Tienes un cordón desatado.

Bajé la vista a mis zapatillas rojas y, efectivamente, así era.

―¡Ups! ―Dije con una risita nerviosa mientras Sindy soltaba una carcajada.

Me apoyé sobre una rodilla y comencé a hacer movimientos extraños para atarme los cordones con las llaves y la escritura del local en las manos.

―¿Quieres que te aguante eso? ―Preguntó una voz amable y conocida a mi lado.

―¡Oh! Gracias ―contesté, entregándole los objetos.

Escuché que Sindy me llamaba, apremiante.

―Un segundo, casi está ―murmuré―. Listo. ¿Qué pasa?

―Eso es lo que pasa ―señaló un punto hacia el final de la calle, donde la figura de un niño corría alejándose de nosotras.

Me sentí como si los mundos Tradicional y Brujeril cayesen sobre mí a un tiempo. Sin pensarlo dos veces, salí corriendo detrás de él, gritándole. No era la primera vez que él, Patrick, hacía algo así. Y yo, como siempre, picaba.

Patrick era un niño de nuestra edad, doce años, aunque parecía menor. Era bajo y delgado, y tenía un rostro infantil con pinta de inocente, aunque era mucho más espabilado de lo que parecía. Llevaba toda la vida en el Mundo Brujeril, pero era un poco torpe con la magia. A pesar de todo, era un niño inteligente y simpático.

Sindy y yo corrimos tras Patrick durante lo que me pareció una eternidad. Iba tan preocupada por las llaves y la escritura que apenas me fijaba en mi alrededor. No veía las calles adoquinadas, las pequeñas casitas de piedra, las tiendas y puestos que había a ambos lados; ni siquiera el edificio de la ABI, tan grande, que coronaba la escena. Simplemente corrí lo más rápido que pude, castigándome a mí misma por mi estupidez. En más de una ocasión estuve a punto de llevarme a alguien por delante.

Patrick, a bastante distancia de nosotras, nos dirigía de vez en cuando una mirada, con una sonrisa burlona en los labios. Intentando despistarnos, giró para adentrarse en oscuros callejones entre casas, en los huecos destinados a los cubos de basura. El niño se detuvo de pronto y se volvió, como si nos estuviese esperando. Pero, cuando estuvimos lo bastante cerca, volcó uno de los cubos. Las bolsas negras llenas de desperdicios se esparcieron por el suelo, algunas incluso se abrieron y derramaron su contenido. Sindy y yo nos detuvimos en seco a tiempo, mientras Patrick volvía a salir corriendo. Cada vez más enfadada, agarré del brazo a Sindy y las dos saltamos el montón de basura.

Patrick nos condujo por varios callejones hasta llegar a la calle principal, más amplia y llena de gente. No nos detuvimos; apenas éramos capaces de verlo entre la multitud, pero corrimos más y más. El joven, desde bastante más adelante, nos dirigió de nuevo una de sus sonrisas burlonas. Ese fue su error. Al no mirar por dónde iba, chocó de lleno con un brujo y los dos cayeron al suelo. Con más ánimos aún, si eso era posible, aceleré el paso y, al fin, conseguimos alcanzarlo.

El brujo al que Patrick había tirado se puso en pie, con una expresión desagradable, mirándonos a los tres como si fuera superior por el simple hecho de ser adulto. Coloqué ambas manos en las caderas y miré a Patrick con aire recriminatorio antes de arrancarle lo que era nuestro de las manos.

―¡Jaaaa! ―Le solté, sin poder contenerme.

Patrick se puso en pie y se agarró el codo con una mueca de dolor.

―Pero si ya sabíais que os lo iba a devolver, solo era una broma… ―dijo con voz temblorosa y mirando el suelo.

Fue como si el corazón se me derritiese por la pena; de pronto, ya no estaba enfadada.

―Ohhh… ―susurré antes de abrazarlo.

―Rush… ―dijo Sindy, con voz cansada―, te está tomando el pelo.

Me aparté de él como si me diera una descarga. Patrick lucía su típica sonrisa burlona, como cada vez que conseguía engañarme.

―Ya lo sabía ―mentí―. ¿Quién ha tomado ahora el pelo a quién, Patrick?

Aquello solo consiguió que sonriera todavía más. Sindy, incómoda, decidió intervenir.

―En todo caso, es hora de abrir el local.
Y, al fin, después de algún que otro incidente, Sindy introdujo la llave en la cerradura. Una mirada bastó; coloqué mi mano sobre la de ella y, las dos juntas, abrimos por primera vez las puertas de nuestra nueva floristería.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

Comentarios

  1. ¡Hola Rush!
    Necesitaba comentar que me he vuelto a partir de risa con las escenas de Patrick (deberíamos hacer que apareciese más...). En fin, nos deseo mucha suerte con la historia, porque merece la pena.
    Un saludo!!

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  2. Hola Rush.
    Tengo que decir lo mismo que Sindy, me he partido de la risa con Patrick, y más aún en los últimos diálogos. Me está encantando esta historia.
    Mucha suerte a las dos.

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  3. ¡¡Hola!! (Esto ya me vale como respuesta para las dos ;D).
    Bueno, es que Patrick... es Patrick :). Realmente, sí que deberíamos hacer que apareciese más. Me alegro de que te esté gustando, Carol, porque esta historia no ha hecho más que empezar...

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  4. JAJAJAJA pobre RUSH D:!!!!! Ella solo quería darle amor a Patrick (?)
    Quiero conocer mas de ese niño. NOW!
    Saludos <3

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    Respuestas
    1. ¡Hola Montze! Qué ilusión verte por aquí :) Y me alegro mucho de que el capítulo te haya hecho reír (es difícil no reírse con Rush).
      En cuanto a Patrick... quién sabe, puede que en el futuro aparezca más jaja.

      Nos leemos ^^ y un saludo!!

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